José María Andrada junto a su nieto en su tienda. PRADO ANDRADA
José María Andrada junto a su nieto en su tienda. PRADO ANDRADA

El negocio más antiguo, el del Zanganero, se traspasa

  • Tres generaciones han regentado el establecimiento de la calle Larga desde su apertura en 1929

El negocio del Zanganero, fundado en 1929, se traspasa. Cuatro generaciones de la misma familia han dedicado buena parte de sus vidas a ser comerciantes. El establecimiento, situado en el número 33 de la calle Larga Alta (por aquel entonces era el número 31), fue fundado por Luciano, padre de José María Andrada. Años antes su abuelo se dedicaba a vender por las calles una perra gorda de arroz y otra de bacalao. “Fue el primer comerciante que iba con un burro y cajones por las casas”, recuerda.

Pero su padre alquiló esa casa que hace esquina en esta céntrica calle casareña y se puso a vender lo poco que había en aquella época. El escenario era escueto. Un mostrador de madera en el medio del zaguán, cuatro estanterías y varios cajones de arroz, garbanzos, azúcar y sal que se vendían, por lo general, a cuarto de kilo.

Por aquel entonces Jose Mari el Zanganero estaba soltero, estudió hasta tercero de Bachillerato en Los Frailes en Cáceres. En cada periodo de vacaciones ayudaba a su padre en el comercio. “Me gustaba más que los libros”, puntualiza este apreciado comerciante. En 1963, cuando él tenía 27 años, el cabeza de familia falleció y cogió las riendas del negocio (dos de sus hermanos también han estado vinculados al mundo del comercio). Dos años después se casó con Paula Rincón, con quien ha compartido durante años este comercio.

El matrimonio recuerda que en esos inicios el negocio era muy escaso. Se vendían arroz, patatas y bacalao principalmente. El aceite se pesaba en un medidor que aún conservan. Ser comerciantes en aquellos años suponía no llevar un sueldo, definido como tal, a casa. Lo poco que se recaudaba, servía para cubrir los gastos y pagar a los proveedores. “Para comer teníamos todo de la tienda, y si en la caja había 100 pesetas eso servía para pagar o comprar lo que necesitábamos”, explican.

En la década de los 60 se hacía poca caja (lo habitual eran 100 pesetas diarias), pero con el paso de los años el comercio mejoró, y eso propició que se fueran ampliando estanterías, y por ende se incorporaban más artículos. “Aún recuerdo una vez que hice 500 pesetas de caja, estaba tan contenta que fui a contárselo a mi padre”, recuerda Paula. En esa época también era costumbre que algunos de sus clientes pagaran anualmente. Los pastores en mayo cuando vendían la lana, y los agricultores tras la venta del trigo por septiembre.

Los domingos el matrimonio cargaba la furgoneta de productos y se iban a Las Nateras para vender a las pocas familias que vivían allí.

El matrimonio compró más tarde la casa y en el año 1972 la convirtieron en un autoservicio. “Aquí hemos estado muchos días hasta las once de la noche colocando”, dice José Mari. Este casareño aún recuerda las numerosas ocasiones que tuvo que hacer pintura. “Las mujeres llegaban con sus latas y mezclábamos con polvos de colores para conseguir el que querían”, dice.

La plena dedicación de la familia a este negocio hizo que prosperara con buenos resultados. En 1981 el Zanganero convirtió su establecimiento en un comercio al pormenor para la venta de todo tipo de artículos. “Lo cambié porque las cosas iban mucho mejor”, indican. Paula recuerda que durante 20 años estuvo vendiendo oro, además de artículos de regalo y zapatillas. Cuando llegaba la celebración de la Primera Comunión estos comerciantes vendían decenas y decenas de Niños Jesús que adquirían en Talavera. Las ventas en aquellos años eran muy buenas.

Jose Mari y Paula tuvieron tres hijos. Antonio ha permanecido hasta el último día en el comercio. Sus hermanas Soledad y Prado también han pasado largas jornadas en todos estos años ayudando en el negocio familiar. Antonio recuerda cómo de niño dedicaba los ratos de recreo del colegio a ayudar a sus padres. “Tenía una maestra que un día porque llegué tarde me preguntó que de donde venía, y le dije que de la tienda, y ningún viernes más si llegaba tarde me volvió a preguntar porque ya sabía de dónde venía”, relata. A los 15 años comenzó a trabajar junto a su padre.

Este mes de abril de 2016 será una fecha marcada en el calendario de esta familia. Tras 87 años regentando este tradicional negocio, los Zanganeros, se despiden para siempre de su clientela. “Por circunstancias de la vida y debido a que ninguno de mis hijos se puede hacer cargo hemos tomado esta decisión”, apunta Jose Mari, quien ha dedicado toda su vida a este negocio familiar.

Con mucha pena, pero contentos y agradecidos con los vecinos casareños, ceden el testigo a otra familia casareña que se hará cargo de este establecimiento. “Estaremos siempre muy agradecidos a todo el pueblo”, indica la familia a la que su apodo le ha servido para identificar un negocio con muchas décadas de historia.

“El padre de mi abuelo era guarda en una finca, en el Zángano, lo que hoy es Puebla de Obando, y cuando mi abuelo venía al pueblo en fiestas siempre decía de dónde venía, y de tanto repetirlo los amigos le empezaron a llamar el zanganero”, cuenta de su mote Jose Mari.

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