Padre e hijo en la peluquería 'Chiripa'.
Padre e hijo en la peluquería 'Chiripa'. / L.C.G.

El pelo de los casareños ahuyenta a los jabalís

  • Cada vez son más las jóvenes que donan su pelo para asociaciones contra el cáncer

Ni que decir tiene que cuando uno decide cortarse el pelo, sea por el motivo que sea, se siente de alguna forma liberado. En estas fechas veraniegas se agradece mucho más por la comodidad que aporta, para evitar el calor. Ese acto, el de cortarse el pelo, tiene para muchos un gran significado. Y depende de qué forma, y en qué medida, beneficia a unos u a otros.

¿Pero para qué sirve el pelo que desechamos? Es una pregunta que posiblemente a alguien se le haya pasado por la cabeza en alguna ocasión, pero otros jamás han reparado en ella. Llama la atención cuando el peluquero de toda la vida, cuenta a sus clientes entre comentario y comentario, que los restos de pelo sirven hoy día para espantar a los jabalís. Así lo cuenta Augusto Blanco, popularmente conocido como Chiripa, que lleva varias décadas cortando pelo a los casareños, y también a forasteros. Asegura que desde hace unos 10 años hasta su establecimiento suelen acudir vecinos que le piden el pelo de sus clientes para cercar su zona de siembra de melones y sandías. Quieren que esas frutas, típicas de estas fechas, no sean devoradas por estos mamíferos salvajes que campan a sus anchas en las fincas y campos.

“Parece ser que el jabalí huele el pelo humano que lleva productos químicos y los ahuyenta de la zona en la que se echa el pelo y dicen que funciona”, relata el peluquero. De este pequeño truco también están al tanto los ganaderos, que también suelen pedirlo para depositarlo en las zonas próximas a las charcas de las fincas para que estos animales no accedan. “A principios de otoño si no ha llovido suelen pedirlo para que los jabalís no entren en el agua”, puntualiza.

Al margen de esta solución, Chiripa y su hijo no conocen más utilidad para el pelo que cortan. Va directamente al contenedor. No se recicla.“Solemos llenar una bolsa de basura cada semana y la tiramos a la basura”, dice.

En otras peluquerías casareñas, regentadas por mujeres, cuentan que en los últimos años ha habido un aumento de jóvenes que destinan su pelo a asociaciones contra el cáncer. En Internet hay páginas que piden la colaboración para las donaciones de pelo, que son destinadas a la fabricación de pelucas.

Alma Casares, propietaria de la peluquería Stylo, asegura que las féminas no tienen reparo en cortarse su melena para donarla. “Ese pelo tiene que tener un mínimo de 20 centímetros, y cada vez hay más chicas concienciadas con este asunto y se motivan por esta buena causa”, dice. Con la llegada del verano este gesto solidario es más habitual.

Inmaculada Mena ha ejercido de peluquera toda la vida, y recuerda como en las décadas de los 60 y 70 era habitual que alguien viniera por las calles comprando pelo. Se pagaba a 50 pesetas el kilo.“Nunca llegué a conseguirlo porque el pelo pesa muy poco y era muy escaso lo que pagaban, y no merecía la pena, pero era normal que pasara un señor por la calle y lo comprara al igual que pasaba el chatarrero”, cuenta.

En aquella época también se vendían las trenzas que se cortaban las mujeres. “Muchas casareñas siguen conservando las trenzas que se cortaron de niñas como recuerdo”, relata. Eran de gran tamaño. Su hija Inma Barra, que hoy día regenta la peluquería, señala que el pelo de antes no es como el de ahora. “Era más fuerte y voluminoso, antes sólo se decoloraba con una ampolla y la gente se lo solía cortar poco”, dice. Su madre recuerda que las mujeres tendían a hacerse la permanente. Para ello no dudaban en coger un burro e irse hasta Cáceres, donde le confiaban sus largas melenas a los peluqueros.

Inmaculada, Macu como muchos la conocen, abrió su peluquería en 1973, tras aprender por las casas. Recuerda a muchos peluqueros de aquella época como a Cecilio, Eugenio, Gabriel y Augusto, así como a Matilde Molano, Toñi o Margarita.

El pelo largo de las mujeres casareñas también se ha donado durante años a la iglesia. En concreto para el Nazareno. “Toda la vida se han donado trenzas para Nazareno y luego se hacían pelucas con todas ellas”, detalla. La última peluca elaborada para esta imagen fue del pelo que se cortó una casareña hace unos cuatro años. Se trata de promesas que los devotos cumplen. Hoy día sigue habiendo gente que dona su pelo a la asociación contra el cáncer porque les toca de cerca con familiares que padecen esta enfermedad.

En la peluquería Lindos sus trabajadoras también destacan que cada vez hay más niñas que deciden donar su pelo, sobre todo, después de tomar la Primera Comunión.“También hay gente que se lo corta para hacerse postizos, pero ya lo habitual es que se done para hacer pelucas”, cuentan.

En la actualidad una peluca de media melena ronda los 600 y 700 euros. “Me sorprende que cuesten tanto dinero con todo el pelo que de forma gratuita da la gente”, indican.

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