Uno de los dos amigos que peregrinan hasta Santiago de Compostela se ve obligado a abandonar el camino

Juan Manuel y Jesús iniciaron esta aventura el pasado 18 de junio

Juan Manuel continúa en solitario con su hazaña, tras el regreso a casa de su amigo Jesús. GERMÁN CAMPÓN
CAMINO DE SANTIAGO

El pasado 18 de junio, Juan Manuel Rodríguez y Jesús Pacheco, iniciaron su andadura desde las puertas de sus casas. Estos peregrinos sabían que la experiencia de recorrer a pie los 685,90 kilómetros que separan su pueblo de Santiago de Compostela no iba a resultar fácil, pero los imprevistos hicieron acto de presencia mucho antes de lo que ellos mismos podrían prever.

A diario Jesús y Juan Manuel aprovecharon para informar vía email a sus amigos de sus peripecias en cada ruta. "Juanito, como siempre, ni un dolor, ni molestias significantes, ni ampollas. Yo, como gregario, tengo de todo: ampollas ni más ni menos que tres en el primer día", relató Jesús en su primer escrito nada más llegar a Cañaveral.

Pero los primeros estragos físicos no hicieron decaer a este joven, aunque la situación se complicaba día a día. "Ahora estamos de lujo, después de tomar un bañito en la piscina de Carcaboso. Esta vez lo duro de la etapa ha sido el calor, sobre todo en los últimos 10 kilómetros por asfalto (que suplicio). Nos bebimos los 2,5 litros que repostamos", explicó en su segundo día.

Sobre sus dolencias señaló que "el estado físico: yo a lo mío, las ampollas se reproducen (tres nuevas) y las antiguas crecen". Esta situación hacía presagiar lo peor en su particular reto.

Pero al día siguiente los dos amigos continuaron con su ruta hasta Aldeanueva del Camino. "Estoy tan y tan cansado que me está costando enviar el mensaje. Estamos tirados en las camas del albergue, de momento sólo hemos visto el restaurante, la farmacia y dentro de unos minutos el ambulatorio. Es el día más duro hasta ahora. Un calor infernal, nos perdimos al inicio por un atajo e hicimos más de dos kilómetros adicionales", sentenciaron en su tercer día como peregrinos.

El cuarto día fue definitivo. "Mis pies dijeron basta. Bueno amigos, parece que mi aventura del Camino de Santiago está llegando a su fin. Mis pies, y más concretamente mis ampollas, hoy por la mañana gritaban, chillaban. No os puedo describir la sensación. Duré unos 200 metros caminando y decidí dar la vuelta y no continuar hoy, el dolor era infernal", escribió Jesús desde la habitación del albergue. Ese día, su compañero de viaje continuó junto a otro peregrino alemán que seguía su mismo camino.

Su intención era alcanzarlo al día siguiente, para comprobar si se apaciguaban los dolores. "Hoy me esperan curas, piscina, estiramientos y a ver si mañana consigo continuar", comentó Jesús tras verse obligado a no continuar. Pero el intento de una pronta recuperación quedó en vano. Por la noche volvió a teclear algunas palabras para informar sobre su situación. "Estoy de camino a Casar, he intentado recuperarme hoy pero el dolor no para, y los pies tienen mal aspecto. Pensaba seguir, por cabezón y tozudo, pero pensándolo bien hoy todo el día solo, he optado por volver", relató en el último email de su aventura.

Tras conocer el inesperado desenlace, Juanma sabía que debía seguir sólo el camino, y que contaría con la compañía de peregrinos que tuvieran diseñadas sus mismas rutas. Así, prosigue su marcha a diario. "Estoy en San Pedro de Rozados, a 24 kilómetros de Salamanca, hoy ha sido un buen día ya que ha hecho fresquito. Llegué a las doce de la mañana, tras subir el pico más alto desde Savilla a Salamanca (el pico de Las Dueñas). Antes de subir los dos españoles que venían conmigo se han rajado y se han salido de la ruta por uno de unos pueblos de la muerte dando un rodeo. Yo de los pies voy bien, sigo con la misma ampolla de Caparra pero se pueden aguantar las molestias", narró en su primer día ya en solitario.

Ahora Juan Manuel informa cada día a sus amigos por teléfono, quienes también le dan el apoyo necesario para continuar este duro camino sin la compañía de su amigo Jesús.