Las vacaciones solidarias llegan a su fin

Diez niños saharauis han convivido con familias casareñas durante dos meses

Ocho de los niños saharauis, junto a algunos de sus padres de acogida de este verano. L.C.G.
AMIGOS DEL PUEBLO SAHARAUI

Mailiminim, Sidamu, Morat, Hamza, Naziha, Matmuth, Saleh, Leila, Sidale y Brahim son los diez niños que se han beneficiado del programa 'Vacaciones en paz', puesto en marcha por la Asociación de Amigos del pueblo Saharaui. La mayoría ha vuelto con sus familias de acogida de cada verano. Hamza lleva viniendo desde hace cuatro años, y en esta ocasión le ha acompañado su hermana Naziha, que por primera vez convive en la localidad. Tienen 12 y 11 años. A él se le notan los años de experiencia. Su hermana, en cambio, se muestra más tímida. Ambos han pasado el verano bajo el mismo techo. "Tengo dos hijos y hemos querido acoger a los dos hermanos este año, estamos muy contentos de ofrecerles todo lo que tenemos", explica Paco Galán, su padre de acogida.

Sidale tiene ahora 12 años, la primera vez que llegó a la localidad tenía seis. Le gusta peinarse como los futbolistas y vestir a la moda. En su cara siempre hay una sonrisa que muestra el agradecimiento por poder estar aquí. "Si me dejasen venir todos los años, estaría viniendo durante toda mi vida", dice en perfecto castellano.

Mailiminim se llevará todas las pulseras y pendientes que le ha comprado su familia casareña. Para ella es su tercer verano en la localidad, y aunque se le ve feliz, quiere volver a su país. Caridad, Rocío y Celia son su madre y hermanas de acogida. Las tres trabajan pero aún así hacen todo lo posible para que la niña pueda volver cada verano a su segunda casa. "Es como una hija más, aunque trabajes te compaginas para poder estar con ella y al final toda la familia acaba implicada", apuntan.

Sidamu es el segundo año que pasa los meses de verano en el municipio. Hace unos días recibió la noticia sobre el nacimiento de un nuevo hermano y sólo piensa en regresar cuanto antes para conocerlo. "Son niños muy pequeños, se acuerdan mucho de sus madres, y aunque vienen muy contentos tienen muchas ganas de irse", dicen las familias.

Morat es otro de los niños con más oportunidades dentro de este programa. Con este ya ha pasado cuatro veranos en la localidad. "Se adapta muy bien y no da ningún problema", dice su padre de acogida, Julián Pacheco, quien además es presidente de la Asociación local 'Amigos del pueblo saharaui'.

Aunque la estancia de los niños supone un coste a las familias, reconocen que los casareños son solidarios. En la actualidad hay más de 200 socios que aportan una cuota anual para hacer frente a los gastos que se puedan generar durante el verano. "Hay que agradecer toda la colaboración aportada por los socios y de la gente que te lleva ropa a casa para que los niños puedan usarla", relata Pacheco.

Para algunos este verano ha sido más especial de lo que ellos preveían. Hamza ha visto la playa por primera vez. Su familia lo llevó a Asturias. "Hacemos los planes de las vacaciones y los llevamos como a un hijo más", dice Paco Galán.

Vivir con otra familia implica también adquirir nuevas costumbres. Es el caso de las comidas, aunque los padres de acogida aseguran que "se come lo que se pone en la mesa" los niños sienten preferencia por el pollo con patatas fritas, las hamburguesas y las pizzas. Comen legumbres, pero no la destacan en su lista de favoritos.

Además de ropa, calzado y medicamentos, los diez niños han dejado un hueco en su maleta para depositar algunos de los productos que allí no podrán conseguir, entre ellas, cola cao, miel, galletas, 'nocilla' y 'ketchup'. El problema será el peso del equipaje, que está limitado, aunque hacen todo lo posible para lograr su objetivo, y que todo llegue a su lugar de residencia.

El Ayuntamiento colabora desde hace años con este colectivo. Cada año aporta losgastos de viaje de los niños, que en 2010 supuso un total de 4.387 euros, los cuales están contemplados en el presupuesto dentro de la partida de Cooperación Internacional. "Somos uno de los pueblos pioneros en cooperar con el pueblo saharaui", puntualiza el alcalde, Florencio Rincón. Pero su implicación cruza fronteras.

Desde la institución municipal se pretende construir una guardería en el campamento de refugiados de Smera. El proyecto ha sido presentado por los representantes del pueblo saharaui en Extremadura. Para ello se invertirían cerca de 5.000 euros, entre materiales y mano de obra.

El futuro del próximo verano es incierto para todos ellos. Para los más mayores éste podría ser su último verano. Unos posiblemente decidirán no volver, y otros tendrán que esperar a que la suerte le designe de nuevo ganadores de unas 'vacaciones en paz'.