El tiempo gélido no impide el buen ambiente en la romería de San Blas

Los jóvenes siguen haciendo el camino, y los mayores pujan por entrar a los Santos en su ermita

Decenas de devotos acompañaron a San Blas y San Benito en la procesión por los alrededores de la ermita. L.C.G.
TRADICIÓN

La romería de San Blas se celebró según lo previsto. Este año no llovía, pero las temperaturas eran mínimas. Aún así los casareños quisieron acompañar al Santo en su festividad.


El recinto de la ermita congregó desde por la mañana a varios grupos de amigos, que resguardados por tiendas de campaña hicieron más llevadera la jornada. Había menos gente que en otras ocasiones, pero no faltaron las barbacoas ni las fiambreras repletas de comida.


A la una del mediodía comenzó la misa extremeña, presidida por los párrocos de la localidad. El coro de mayores de la iglesia acompañó la celebración con sus canciones. El sol lucía y los santos salieron a la calle. Primero San Blas, portado por hombres y mujeres que cada año esperan este momento para ser partícipes del desfile procesional. Tras él San Benito. Decenas de personas asistieron a la procesión, que se prolongó durante varios minutos por los alrededores de la ermita.


Al regreso, se pujaron los seis banzos de cada Santo. Por San Blas se pagaron 82 euros, algo más que lo pujado por San Benito, 67 euros. Este año las pujas han sido inferiores. "Se nota la crisis", apuntaron algunos de los presentes, quienes aseguraron que el pasado año hubo pujas de hasta 50 euros por un banzo. En esta ocasión, la oferta más destacada fue de 20 euros por uno de los banzos de San Blas.


Con más o menos cantidad sobre la mesa, lo importante es que los casareños mantienen viva la tradición de la puja por entrar a los Santos a su ermita. Lo hacen quienes tienen mandas o promesas, o a quienes simplemente su fe le lleva a implicarse con este acto. Así, San Blas y San Benito entran en la iglesia, no sin antes escuchar las peticiones de los paisanos, que piden agua para el campo.


En la ermita no sólo los santos son los protagonistas del día, también lo es José Antonio, el monaguillo más popular de la localidad, y que algunos casareños aseguran haberlo visto en ciudades como Sevilla y San Sebastián, e incluso, en México. Para él van casi todas las limosnas del día. Y también los gestos cariñosos de los que le visitan. Se acercan a él, le pasan por su traje rígido, de color rojo, el boleto de lotería, mientras otros le prueban la gorra para ver el aspecto que luciría si no fuera monaguillo.


Junto a la casa de la Cofradía, en cuyo interior se encuentra la primera ermita construida a los Santos, se habían instalado varias mesas para la comida. Había paella para todos, también sardinas y vino para acompañar. Un año más los jóvenes integrantes de la Cofradía de San Benito y San Blas quisieron invitar a los casareños a esta comida de hermandad. Todo estuvo organizado a la perfección, y los comensales mostraron su satisfacción por esta atención.


En el otro extremo, varios ponis holandeses aguardaban la llegada de los niños. Cada viaje a lomos de estos diminutos caballos costaba tres euros. Así lo indicó el propietario de esta atracción, procedente de Villanueva de la Serena. También había puestos ambulantes, que parecían "tirar" los precios. Montones de packs de juguetes a tres euros sobre mantas en el suelo, ni niños ni abuelos pudieron resistirse a esta oferta dominguera. Varios castillos flotantes decoraban el ambiente.


La música procedente de las casetas instaladas para este día sonaba en el recinto. Pero una gran cantidad de jóvenes se encontraban, a esa hora, haciendo el camino. Aunque se trata de una práctica en decadencia, aún hay pandillas de jóvenes que prefieren recorrer a pie los cinco kilómetros que distan entre la localidad y la ermita. Mientras tanto, se divierten, y llegan a la romería cuando otros grupos están a punto de recoger para irse a casa. Al fin y al cabo, cada grupo de edad busca una forma diferente de vivir las romerías.


Este año San Blas estuvo caracterizado por las gélidas temperaturas, acompañadas de rachas de aire que hicieron difícil para muchos tener la fiesta en paz.