La talla de Semana Santa que fue enterrada por "fea"

El Señor de los Naranjos, del siglo XVIII, permaneció en la localidad casareña durante bastantes años y fue enterrada en Santiago del Campo

LA HISTORIA DEL SEÑOR DE LOS NARANJOS

Escrito por Corrales Gaitán, Alonso J.

De siempre he dicho que en todas las ciudades, por pequeñas que sean, existen una serie de historias que no aparecen recopiladas dentro de la crónica oficial, ello por muy distintos motivos que desconocemos, pero que sin embargo no dejan por ello de ser ciertas, e incluso la mayoría de las veces hasta curiosas. Y sería verdaderamente lamentable que por no recogerlas se perdiesen con el paso inexorable del tiempo.

Por ello aprovechando la gran riqueza al respecto que se da en mi ciudad natal, Cáceres, quiero hacerles partícipe de una de estas historias que como menos es curiosa.

Voy a referirles lo que le ocurrió a una talla de Semana Santa, que fue enterrada por fea. Para ello nos remontamos al año de 1989, cuando como consecuencia de distintas conversaciones informales, conozco la existencia de una imagen enterrada en el suelo de una iglesia de una localidad próxima a Cáceres, la información nos la facilita un amigo de aquella época.

Nos ponemos inmediatamente en marcha un grupo reducido de familiares y amigos y, con fecha 31 de enero de 1989, hacemos una solicitud formal al Obispado, al mismo tiempo que mantengo una reunión con el entonces Obispo de la Diócesis D. Jesús Domínguez Gómez, para gestionar con la parroquia de la localidad de Santiago del Campo, así como los feligreses y demás partes interesadas en el tema, de nuestra intención seria de recuperar la imagen, con cuyos gastos propios del desentierro en un principio correría la Excma. Diputación Provincial, según compromiso adquirido de palabra por su Presidente el Sr. D. Manuel Veiga López, con el autor de este trabajo.

DESCRIPCIÓN DE LA TALLA

Obra del siglo XVIII, de autor desconocido, de tamaño algo más grande del natural, con pelo de ser humano, brazos y piernas articuladas. Fue realizado por encargo de la Cofradía de la Vera Cruz. El título de Señor de los Naranjos le viene de que era costumbre en la procesión del Jueves Santo de adornar el paso con un naranjo, en lugar de lo tradicional que es un olivo. Iba vestido con una túnica de color marfil.

Permaneció expuesto en el Convento de San Francisco El Real hasta el año 1837, en que por distintas disposiciones reales hubo de instalarse en la propia Iglesia de San Mateo donde, hasta el año 1898, en que la Cofradía de la Vera Cruz prefiere venderlo a la localidad del Casar de Cáceres, allí permaneció bastantes años, estando posteriormente arrinconada en una habitación que servía de trastero ante el miedo que causaba a chicos y grandes por el gran realismo de sus facciones, así como el realismo del pelo y su gran altura. Cuentan que por aquel entonces era frecuente que las madres para infundir miedo a sus hijos, les decían: ¡Cómo no comas viene el Señor de los Naranjos!, ¡Cómo no te portes bien, llamo al Señor de los Naranjos!, ¡Cómo no te duermas pronto te llevará el Señor de los Naranjos!, etc. Lo que nos puede dar una idea bastante clara de lo que significaba aquella impresionante talla.

Y así, por mediación de una maestra natural de Santiago del Campo, doña Remedios Díaz, fue regalada la imagen en 1948 a esta localidad. Pero en su nuevo «hogar» duró más bien poco pues los feligreses inmediatamente se pusieron de acuerdo con el propio párroco del lugar, enterrando en los primeros años de la década de los cincuenta al Señor de los Naranjos acompañado al menos con otras tres imágenes de distinta procedencia y estilo, todas colocadas en el suelo de la Iglesia, en lugar próximo al altar.

RESPUESTA DEL OBISPADO

Con fecha 16 de mayo de 1989, (ya han pasado casi cuatro meses desde nuestra solicitud), D. Justo Hermoso Domínguez, (q.e.p.d.), Vicario Episcopal de la Diócesis de Coria-Cáceres nos contesta a nuestra petición en los siguientes términos:

"Examinada la solicitud presentada en este obispado por un grupo de cristianos y con la anuencia del Director del Secretariado Artístico Diocesano, sobre excavaciones a realizar en el templo de la Parroquia de Santiago del Campo, este Obispado ha acordado lo siguiente:

  1. El párroco de Santiago del Campo debe consultara la comunidad cristiana de esta parroquia si está de acuerdo en que se proceda a las excavaciones para descubrir la supuesta talla o tallas enterradas en el templo parroquial.
  2. Si aparecieran tallas enterradas en dicho templo, serán propiedad de la diócesis de Coria-Cáceres y se quedarán en la parroquia de Santiago del Campo.
  3. Este Obispado alienta a que se fomente el culto de las supuestas imágenes y a que, de acuerdo con la comunidad cristiana, se cedan para procesiones u otros actos que contribuyan al fomento de la religiosidad y piedad.
  4. El pavimento del templo, donde se realicen las excavaciones, debe quedar en el mismo estado que se encuentra actualmente.
  5. Tanto las excavaciones, como las restauraciones de las supuestas imágenes deben de hacerse contando con el párroco y el Secretario Artístico Diocesano.

(Fecha y Firma)

Rvdos. Srs. Párroco de Santiago del Campo y Director del Secretariado Artístico Diocesano y Grupo Cristiano".

Impulsados por este escrito, que por otra parte nos parece bastante positivo para iniciar pronto los correspondientes trabajos al respecto, nos desplazamos un domingo por la mañana, varias de las personas interesadas en el rescate del Señor de los Naranjos, hasta la localidad de Santiago del Campo, mantenemos una rápida entrevista con el párroco, el cual no muestra ningún interés por dicho trabajo, indicando no obstante que en los próximos días se reunirá con los feligreses para tratar del tema y nos comunicará lo que se acuerde.

A mediados de aquel verano de 1989, por medio de una simple llamada telefónica, se me informa por parte del Obispado, la decisión tomada por el pueblo de no autorizar la extracción de las figuras allí enterradas.

Según supimos por otra fuente de información, el párroco había reunido una noche a todos los feligreses, informándoles de nuestras pretensiones, incluso agregando otros detalles de su propia cosecha, lo que facilita sin duda alguna a que la mayoría de los vecinos se manifestasen al respecto de la forma que lo hicieron.

Verdaderamente a todos los miembros del "equipo rescatador", nos sorprendió la respuesta negativa de los vecinos de Santiago del Campo, ello cuando el resto de las partes estábamos conformes, pero desgraciadamente las cosas son así de injustas. Me limité a comunicar dicha decisión al Sr. Presidente de la Excma. Diputación Provincial y nos olvidamos del tema.

LA RESPUESTA DEL DESTINO

Tendrían que pasar varios años para que de manera casual, volviésemos a retomar el asunto. No obstante las cosas habían cambiado notablemente, la gran mayoría de las personas que habían sido protagonistas de la anterior "operación rescate", ahora no estaban, incluso había otro Obispo ya que había fallecido D. Jesús Domínguez Gómez, pero creo que el espíritu seguía siendo el mismo.

Así, a mediados del año 1993 y por cuestiones profesionales conocía al por entonces alcalde de Santiago del Campo, D. Juan Andrés Sánchez Villar y a la Secretaria. Les comenté de pasada nuestra fallida intención de recuperar las tallas enterradas en el suelo de la iglesia, a lo que el alcalde me contestó que él personalmente comentaría de nuevo la idea en el pueblo, aprovechando que había otro sacerdote como párroco y, a cambio, yo me comprometía en hacer las gestiones pertinentes en el Obispado y con el Presidente de la Diputación.

Pasado el verano ya teníamos a todas las partes interesadas en el tema, en total acuerdo e interés por iniciar los trabajos de recuperación de las supuestas imágenes. Las intenciones de las personas que encabezábamos la operación eran prácticamente las mismas que cuando dimos los primeros pasos por el lejano año de 1989, sobresaliendo el hecho de recuperar unas obras de arte.

Sin duda éste es el momento oportuno de realizar los trabajos necesarios para recuperar al Señor de los Naranjos, ya que aún queda con vida uno de los albañiles que enterraron a ésta y las otras tallas, lo que nos puede facilitar bastante la búsqueda.

El 17 de diciembre de 1993, a las 17 horas y treinta minutos, nos desplazamos a la localidad de Santiago del Campo, tres miembros del equipo promotor de la idea, allí nos encontramos con algunos concejales así como vecinos. Localizamos el lugar exacto por donde se debía excavar, así como observamos el material que se necesitaría para la operación. Acordamos comenzar los trabajos una vez finalizada la ya cercana Navidad, entre un sábado y un domingo si era necesario, y volvimos a Cáceres.

"OPERACIÓN RESCATE"

El 15 de enero de 1994, alas 9 horas y treinta minutos llegamos a Santiago del Campo; mi esposa, mi hijo, un amigo (Ignacio Blanco) y un maestro albañil (Saturnino Jiménez). Yo iba en calidad de uno de los promotores de la idea, así como representante del Sr. Presidente de la Diputación que correría con los gastos de albañilería así como la restauración de la imagen si mereciese la pena. Allí, junto a la iglesia, nos esperaba el Sr. Alcalde, D. Felipe Fernández Peña en representación del Sr. Obispo, un equipo de albañiles previamente contratados (de la propia localidad) Hermanos Terroso Ávila y un grupo amplio de miembros de una Cofradía de Cáceres, que en últimos días habían solicitado al Obispado poder utilizar el Señor de los Naranjos para su desfile procesional.

Inmediatamente que las tres partes nos pusimos de acuerdo (Obispado, Diputación y Ayuntamiento), se iniciaron los trabajos de albañilería en el lugar supuesto del enterramiento.

Había pasado una hora aproximadamente desde el inicio de la operación cuando comenzaron a aparecer distintos objetos de un posible retablo, imágenes de distintos tamaños y el cuerpo con cabeza incluida, pero sin extremidades, de una enorme talla de hombre y sin pelo. Inmediatamente todos los presentes, así como algún vecino que se había incorporado al grupo, exclamaron: ¡El Señor de los Naranjos!, ¡Ese es! ("Nun ex tenebris te educo"). Según iban apareciendo los distintos objetos se limpiaban con una brocha, se observaban y se fotografiaban para pasar seguidamente a ser colocados en un lugar próximo a donde habían estado enterrados. Aparecieron tres distintas imágenes difíciles de identificar: un S. Francisco, un angelito, varias manos, una Virgen que llamaban los lugareños "de las Tormentas" y la figura principal al menos por su tamaño: El Señor de los Naranjos.

Cuando ya no quedaban más cosas que sacar del suelo, improvisamos una reunión entre las tres partes implicadas a fin de acordar lo que se haría con la imagen principal, que era el auténtico centro de aquel trabajo. Y los tres coincidimos en:

"Habíamos llegado unos años tarde, al haber enterrado a las imágenes en plena tierra, sin protección de caja alguna o tela, todas las imágenes se encontraban en un estado de conservación lamentable, la humedad del terreno había hecho un buen trabajo, cada vez que cogíamos los distintos objetos se nos quedaba en las manos parte de ellos, eran como pavesas, sensación como cuando se coge un libro quemado. Por todo esto consideramos que no era posible restaurar la que fue imagen del Señor de los Naranjos, ya que era mucho más barato el hacer una nueva.

Ante todos estos planteamientos solamente había dos soluciones posibles y razonables:

  • Volver a enterrar todo lo encontrado.
  • Quemarlo, por ser objetos sagrados.

Al final los tres responsables nos decidimos por la primera solución, pero con la salvedad de que ahora sería distinto, ya que solicité unos sacos de plástico fuerte, de los habitualmente utilizados para el pienso y en ellos metimos todo lo hallado".

Tal decisión había sido tomada por las partes que tenían en sus manos la responsabilidad del trabajo de localización del enterramiento, esto a pesar de que no gustó a algunos de los espectadores.

Poco más de media hora se tardó en cerrar la excavación y poner el pavimento de la iglesia tal y como nos lo habíamos encontrado. Poco a poco todos los presentes y no invitados a esta extraordinaria operación fueron desapareciendo, sin despedirse.

El resto, invitados por el Sr. Alcalde de la localidad, nos fuimos a tomar unas cañas, eran las 14'00 horas.

Y así, de una manera tan sencilla y tan española, finalizó una de las historias más curiosas que en los últimos años se había dado en nuestra ciudad y proximidades. Lástima que llegásemos con varios años de retraso.

Hoy estamos convencidos de que si este trabajo de recuperación del Señor de los Naranjos lo hubiésemos hecho tal y como en un principio se pensaba en el año 1989, en la actualidad dicha imagen estaría siendo, de una forma u otra, admirada por muchas personas. Pero el destino es así.

(Importó el trabajo de albañilería .... 63.997 pts.)