Las comuniones de antes, y las de ahora

La tecnología hace feliz a los niños de hoy, y las biblias y libros son recordadas por los pequeños de décadas atrás

Prado Carrero y Dami Cerro, un matrimonio que recuerda su Comunión muy diferente a la vivida por sus dos hijos. CEDIDA
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Resulta casi imposible olvidarse del día en que uno hace su Primera Comunión. Es un día clave del calendario, recordado año tras año, y que por mucho tiempo que pase sigue presente en el recuerdo de cada uno.

La celebración religiosa poco destaca de cómo trascendía décadas atrás. Quizás la implicación de los padres hoy día es la nota predominante. "Antes también íbamos a catequesis, pero no tanto y la comunión se hacía con ocho años", recuerda una casareña.

El resto, lo que envuelve el día en sí, ha dado un giro importante. Antes las comuniones también suponían un día grande de fiesta para padres, hijos y el resto de familiares. Sin embargo, los que hoy tienen entre 40 y 50 años, aseguran que no se iba a restaurantes ni bares. Hoy día, y pese a que la situación económica es más preocupante, se sigue manteniendo la costumbre de comer un menú establecido, sin tener que preocuparse de los preparativos que una fiesta en casa conlleva. No obstante, cuestión de bolsillo o no, muchas familias se decantan por vivir el día de fiesta en naves y cocheras, en un encuentro más particular que se prolonga durante todo el día.

Sí, ahora hay quienes hacen dulces para acompañar el café de la tarde. Pero antes, era lo habitual, no había día de comunión que se resistiera a docenas y docenas de dulces que se preparaban de forma casera con bastante anticipación. "Se hacía el tradicional frite, pero también muchos dulces caseros", señala Prado Carrero.

En cuanto a la vestimenta, las modas han impregnado de diversos estilos los vestidos y trajes de niño de comunión. Desde los octogenarios que recuerdan que iban ataviados con vestidos cortos y de colores, no necesariamente blanco, a quienes dicen que vistieron trajes parecidos a túnicas de monaguillos. Las niñas solían llevar casquetes y sombreros sobre el cabello. Ahora, todo es diferente, los trajes apenas se heredan de unos familiares a otros como sucedía antes. La moda va por delante en estos tiempos que corren, y los padres y madres quieren que sus hijos luzcan el traje más bonito para ese día tan especial.

Lo que respecta a los regalos es, quizás, lo que más llama la atención con el paso del tiempo. Si antes bastaba con una muñeca vestida de comunión, material escolar o libros y biblias, ahora la tecnología se lleva la palma. Los niños viven ese día en una nube, una nube llena de regalos en la que lo más económico suele ser un móvil. A su casa se llevan portátiles, televisiones de plasma, una o más cámaras digitales (porque se suele coincidir en regalos) e innumerables aparatos tecnológicos que convierten en un día perfecto el de la Primera Comunión. Algunas décadas atrás lo común era visitar a los familiares y vecinos para que el niño fuera convidado. "No recibíamos tantos regalos, nos daban algo de dinero si ibas a ver a los tios a sus casas", dice Antonia.

Para las familias esta celebración supone sin duda un gasto importante y aunque, también se piensa en recortar de aquí o de allá, al final, nada se antepone a la felicidad de los hijos.