El taxi de Eugenio Borrella realizaba servicios a Cáceres por seis pesetas

Eran de los pocos coches que se veían en la localidad hace unos ochenta años

Eugenio, con tres de sus hijos, Gregorio, Felisa y Lolo. JULIO MAYA

El taxi del casareño Eugenio Borrella Rey fue de los primeros en llegar a la localidad. Su hijo, Gregorio Borrella, a sus 87 años, recuerda cómo su progenitor decidió adquirir un coche de segunda mano para dar servicio de transporte a Cáceres a los casareños. El primero fue un Ford, modelo T, descapotable con el radio de las ruedas de madera.

Más tarde consiguió un nuevo turismo, un Chevrolet, en el que solían viajar por seis o siete pesetas las personas más adineradas del municipio. La familia no sabe cerciorar la fecha exacta de estas adquisiciones, pero se calcula que de eso hace ya ocho décadas.

"Eran coches que se compraban de segunda y tercera mano, los que desechaban algunos ricos", cuenta Gregorio. Él mismo dice que había otro vecino, Maxi Dómine, que tenía otro taxi. "A mi padre venía y le decían que le apuntaran un asiento para ir a Cáceres tal día, se montaban hasta en la aleta del coche porque nadie se quería quedar en casa", dice. Al regreso, los viajeros no solían pagar al contado, y se les fiaba. "Había veces que tenías que pedirles el dinero", agrega Gregorio.

Los taxis fueron en aquella época una novedad en el municipio, un negocio que Eugenio, con seis hijos, compaginaba con los carros para transportar la mercancía. "Tenía un criado que le hacía los viajes con los carros a porte que era así como se llamaba, en aquellos tiempos la familia marchaba bien, aunque luego llegó una época de crisis", recuerda el octogenario.

También su sobrino, Julio Maya, menciona cuando su tío llevó a la Corporación municipal a la inauguración de uno de los puentes del Tajo, en la que estuvo presente el rey Alfonso XIII. "Cobró por el trayecto de ida y vuelta 15 pesetas", señala sobre este hecho que también está documentado en el libro sobre Casar de Cáceres. Él conoció a su abuelo, era apenas un niño, pero su padre siempre le ha contado algunas historias sobre los años en que su abuelo disponía de taxis en el municipio. "Eran taxis donde había un cartel que ponía 'con derecho a empujar' porque había veces que se paraban y los viajeros tenían que bajarse a empujar", relata.