Dos jóvenes eligen Chile para seguir creciendo en el ámbito profesional

Los casareños se sienten muy felices pese a los miles de kilómetros que los separan de su tierra

'CASAREÑOS POR EL MUNDO'

Cuando uno toma la decisión de partir de su lugar de origen, está abocado a ser protagonista de una nueva experiencia. Chile es otro de los países que, a día de hoy, cuenta con presencia de casareños.  Las circunstancias de los dos jóvenes que decidiron marcharse al continente latinoamericano nada tienen que ver con la necesidad de buscar un empleo, sino todo lo contrario. En este caso, se debe a una cuestión de querer escalar más en sus profesiones.

El destino llevó por primera vez en el año 2010 a Guillermo Rey Gozalo hasta allí. En ese momento colaboraba en un proyecto de investigación realizando un mapa de ruido del distrito de Santiago. Volver a ese país no era ya una aventura para este joven casareño, quien el pasado año decidió regresar casi sin mirar atrás. Allí ejerce como docente e investigador en la Universidad Autónoma de Chile. Sabe que muchas generaciones jóvenes han tenido que emigrar en busca de nuevas oportunidades. Y reconoce que la suerte ha estado de su lado. "En la Universidad de Extremadura tenía un contrato de técnico de apoyo a la investigación, pero decidí que era un buen momento para realizar una estancia en el extranjero y aplicar algunas de mis investigaciones en otros países", cuenta. La Universidad buscaba doctores de todo el mundo, y tras pasar varias entrevistas en Madrid, fue seleccionado. 

Vivir en Chile, según Guillermo, es similar a hacerlo en España. Sin dificultad por el lenguaje, también se comparten muchas costumbres. "Ellos son encantadores y te ayudan en lo que pueden, y tampoco hay problemas de seguridad", apunta. En el país latino, sin embargo, el transporte es más barato, entre ellos, el taxi colectivo, que si lo compartes ahorras.

En esta aventura le acompaña su novia, Diana Martín, quien ejercía de fisioterapeuta antes de marchar al país con su novio. Sin embargo, esta experiencia le aportará más formación. La idea es que pueda abrir más adelante su propio negocio. "Actualmente se encuentra en proceso de convalidación del grado de Kinesiología y a la espera de formalizar una serie de ofertas de trabajo", explica Rey.

Estar a miles de kilómetros de la familia es, quizás, el factor que más preocupa a quienes hacen las maletas. "Vivir tan lejos es complicado, dado el tiempo que empleas en realizar un viaje y el precio de los billetes que son de mil euros aproximadamente te limita a viajar sólo una o dos veces al año", dice. Así, que las nuevas tecnologías son las mejores aliadas, a través de cámaras y mensajes instantáneos logran estar en contacto con la familia y amigos. 

En su tiempo libre aprovechan para viajar. Las escapadas para descubrir el país chileno son obligadas. También han planificado visitar otros lugares, entre ellos, Perú, Argentina o Brasil. "Creo que hay que aprovechar esta estancia para conocer todo el mundo que nos rodea y aprender de las distintas culturas", añade. 

Tras varios meses de estancia en el extranjero, ni siquiera sabe responder sobre el tiempo que estarán allí. "Es una pregunta que a día de hoy no la puedo responder. Actualmente todo nos va muy bien y tengo la tranquilidad de tener un contrato indefinido", zanja este joven.

De Portugal a Chile

Jesús Pacheco ha vivido durante un largo tiempo en Portugal. Pero la multinacional portuguesa para la que trabaja en el sector de la energía solar le ofreció la oportunidad de ir a Latinoamérica el pasado año. "Me ofrecí y me escogieron para ir", dice. Estaba decidido porque quería avanzar más a nivel profesional. "Empecé a pensar que me gustaría tener una experiencia profesional internacional fuera de Europa, para crecer profesionalmente", cuenta.

Pero también había una parte personal que le atraía del continente latinoamericano. "Quería conocerlo, recorrerlo y por qué no, vivir allí durante una temporada". Aunque su experiencia en Latinoamérica comenzó con diversos viajes en 2012 por distintos países, fue en octubre del pasado año cuando aterrizó en Santiago de Chile, lugar donde se encuentra la central de su empresa.  

"Mi función es ser responsable de mi empresa para todo Latinoamérica, consiguiendo contactos, negocios, ganando proyectos, montar la empresa, bancos, abogados, contadores, contratar el personal para las filiales y después todo lo necesario para construir y mantener los proyectos", relata.

En esta aventura comparte experiencia con su novia, Aída, y con su perro Curro. Están allí sin tiempo definido. Coincide con Guillermo en lo relativo a la forma de vida en este país. "Cuando aterrizas por primera vez en Chile, te crees que vienes a un país de Latinoamérica como el resto, donde son desorganizados, todo por hacer, pobres y donde andar por la calle es exclusivo para zonas muy concretas. Pues no, todo lo contrario, no te crees que has salido de Europa, la diferencia es que son latinos, con un acento muy neutro y poco marcado", detalla.

Así, Jesús define a Chile como un país de Europa. La seguridad que ofrece, sus medios de transportes, y todo organizado. "Evidentemente tiene como todo país sus particularidades y algunas características de ser latinos, como que es todo más lento, comparado con el estrés de Europa, sus rasgos, sus palabras propias ("cachai" que la utilizan mucho que es como nuestro "sabes", o "po" al final de muchas frases, que no quiere decir nada), su diferencia entre clase baja y alta (media casi no existe pero está surgiendo ahora), su bullicio en los mercados de la zona más turística y pobre, que son simpáticos y educados, machistas", cuenta por email para este diario.

A modo de anécdota Jesús asegura que un chileno nunca dice que no a nada. "Alargan las cosas hasta que uno se cansa y eres tú que les dices que no". También hacen colas para todo, y no muestran sus quejas, sólo lo hacen los españoles. En varios párrafos Jesús describe perfectamente un país del que destaca su naturaleza, su bajo nivel de paro, o lo que más le entristece, el abandono continuo de perros en plena calle. "Es un concepto que para el chileno es normal, los compran de pequeño, pero cuando se cansan de ellos los abandonan, y no les parece mal", lamenta.

También destaca lo bueno de vivir en Santiago de Chile, a cuarenta minutos de la montaña y a una hora de la costa, peses a las heladas aguas del Pacífico. Sin embargo, la contaminación hace mella en un país de ensueño. "En invierno siempre tiene una capa encima que no te deja ver ni una estrella", apunta. Su gastronomía tampoco es muy destacada por esta pareja de casareños, aunque cita las empanadas que las comen a cualquier hora del día. 

En general, Jesús está feliz, aunque ciertamente su familia y amigos es lo que más echa en falta. "Estamos aquí porque queremos más que por obligación, y ojalá estuviera un poco más cerca de España, porque si no sería un sitio ideal para vivir para siempre", indica.

Ahora Chile es su nueva vida, de la que exprime todo lo puede. tamos aquí porque queremos más que por obligación, y ojalá estuviera un poco más cerca de España, porque si no sería un sitio ideal para vivir para siempre", concluye. "Estamos encantados con Chile, con la vida, todo lo que la caracteriza, y el buen ambiente que tenemos con un grupo de españoles que trabajamos juntos y vamos por ahí juntos a conocer el país", finaliza, no sin antes asegurar que ser emigrante es una aventura constante de aprendizaje y crecimiento personal y profesional.

Su familia y amigos es lo que más echa en falta. "Estamos aquí porque queremos más que por obligación, y ojalá estuviera un poco más cerca de España, porque si no sería un sitio ideal para vivir para siempre", concluye.