Los guardas de Santiago

Desde hace una década un grupo de casareños ejercen como ermitaños en Santiago de forma voluntaria

Son amigos, y se podría bautizarles como los guardas de la ermita de Santiago. Desde hace algunos años, un grupo de casareños, todos con más de setenta años y vecinos de las calles próximas a este santuario ejercen como si fueran ermitaños.

Juan Moreno y Cipriano Núñez comenzaron con la rutina de ir todas las tardes a la ermita y, a partir de ese momento, el grupo fue creciendo hasta llegar a la decena. Sin embargo, lamentan que seis de los que solían acudir ya no viven. "Cada vez somos menos, antes formábamos una buena cuadrilla, pero hemos ido perdiendo a compañeros en estos últimos años", cuentan. Juan Manuel Tovar, Félix Montaña y Juan Iglesias también participan en estos encuentros de forma asidua.

Cipriano, que fue ermitaño en la Virgen del Prado, se prestó a realizar esta labor hace aproximadamente una década. Lo hizo junto a Juan, porque en aquel momento su hijo Benigno formaba parte de la directiva de Santiago. Desde entonces no han dejado de asistir a la ermita, donde se encargan de abrir y cerrar las puertas, de limpiar sus alrededores y de regar las plantas y árboles que lo decoran. "En verano abrimos a las siete de la tarde, y en invierno a las cinco", apuntan.

Por allí pasan decenas de peregrinos, a quienes guían en su recorrido por la Vía de la Plata. "A los extranjeros ni los entendemos pero ellos chapurrean y al menos las buenas tardes le damos", dice Juan Manuel. En alguna ocasión los peregrinos les han fotografiado sentados en los pollos que rodean esta ermita. "Seguramente estemos ya en medio mundo", guasean.

En estos ratos de ocio forman un pequeño corrillo y recuerdan viejos tiempos. "Este es el mentidero", bromean. Las tardes de tertulia les hacen olvidarse de los problemas y traen a la memoria historias de la juventud. No hablan de política, y apenas lo hacen de fútbol. Los domingos los dedican a pasar el día con sus familiares. "Estamos aquí siempre, si hace calor nos recogemos dentro, y si llueve también", aclaran.

Desde la Hermandad de Santiago agradecen la dedicación que estos vecinos prestan al Santo y a la ermita. "Gracias a ellos es una de las ermitas más visitadas de la localidad junto a La Soledad y el cementerio", indican.

El gesto voluntario de este grupo de casareños mantiene viva la historia de Santiago. "La gente del pueblo nos pregunta que de dónde venimos o a dónde vamos, y siempre les decimos que de Santiago o a Santiago", destacan. Allí seguirán, protegidos por Santiago, custodiando al Santo por mucho tiempo.