El Cristo de la Peña desfila ante una constante amenaza de lluvia

El Cristo de la Peña desfila ante una constante amenaza de lluvia
El silencio fue el protagonista justo en el momento de la salida del Cristo de la iglesia. L.C.G.

Aunque en un principio se decidió acortar el recorrido, finalmente se realizó tal y como se había diseñado

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

La Hermandad del Cristo de la Peña miraba anoche al cielo. Poco antes de la hora prevista de la salida del Vía Crucis llovía intensamente. Luego apaciguó. Ante el temor de que la talla, con varios siglos de historia, pudiera sufrir daños con el agua, la directiva anunció que el recorrido se haría muy breve.

Finalmente a las 22.30 horas, y ante el silencio de la multitud que se concentraba en la puerta de la iglesia, la imagen salió, arropada por más de una treintena de hermanos de carga, ataviados con su traje y capuchón.

«Virgen Santísima que no llueva», decían algunas devotas. Conformados con el corto recorrido, los asistentes comentaban que, al menos, el Cristo saldría. Encabezó el desfile el estandarte de la Hermandad seguido por otra treintena de cofrades, entre ellos algunos niños de corta edad que acompañaban a sus padres. Les seguían los representantes de las distintas cofradías casareñas. Tras el Cristo algunas personas que habían realizado una manda, y quienes estaban encargadas de leer en las distintas estaciones.

La Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Salud de Cáceres, bien uniformados, interpretó varios temas a lo largo del recorrido. Paraban cuando los casareños, asomados a sus balcones, regalaban al Cristo algún canto o saeta. O cuando se daba lectura en los hogares señalados.

En la calle Gabriel y Galán, los capataces Julián Pacheco y Andrés Lucas, manifestaron que el desfile se haría como estaba previsto. «Lo vamos a intentar al menos», indicaron. Así que el Cristo pasó por el túnel de la travesía de Hernán Cortés, donde los cargadores no tuvieron problema para descender durante varios metros la imagen, con sumo cuidado de no dañarla. Prosiguió por un tramo de la calle Larga Alta hasta el Ayuntamiento, donde las banderas casareñas, extremeña y españolas ondean estos días.

Arriba el Cristo a su paso por Gabriel y Galán. Abajo cruz el túnel de Hernán Cortés, y a la derecha la calle Santiago. / L.C.G.

De vez en cuando algunas gotas caían del cielo, y en la calle Larga Baja hubo un intento de proteger la imagen con un plástico, pero se decidió que seguiría quedando descubierta.

El Cristo también pasó por el inicio de la calle Valle del Ambroz. Por segunda vez en todo este tiempo, en los 26 años que lleva desfilando, lo hizo por la calle Santiago. Así lo indicaron algunas vecinas, que recordaban que «en los inicios de la Hermandad hubo una vez que pasó por aquí y ésta es la segunda». La sorpresa de la noche se produjo a la altura del número 56 de esa calle. De forma inesperada para una de las familias el Cristo se giró hacia su hogar.

La imagen se adentró por callejas del casco antiguo. L.C.G.

La imagen se adentró durante la medianoche en las calles Toro Pintao, La Paz y Frailes. El último tramo de la calle Santiago contó, también de improviso, con gran olor a incienso y la presencia de grandes velas en la ventana del sacerdote Rafael Barra. «Huele a incienso como sucede en las procesiones de Sevilla», indicó.

La imagen regresó a la iglesia por la calle Parras, de nuevo por Gabriel y Galán y la calle Iglesia. Entró por la misma puerta que había salido.

Los hermanos del Cristo se sentían satisfechos porque finalmente la amenazadora lluvia les había respetado su día grande. Durante dos horas la imagen hizo acto de presencia por numerosos rincones de la parte antigua del municipio, y fueron muchos los vecinos que lo acompañaron o lo vieron pasar en las distintas calles o esquinas.