Farolillos de sandía por las fiestas de Santiago

Niños y mayores elaboran farolillos en las vísperas de Santiago. /MARÍA CEBRIÁN
Niños y mayores elaboran farolillos en las vísperas de Santiago. / MARÍA CEBRIÁN

Los usuarios del centro de día enseñan a elaborar este famoso artículo a los niños casareños

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

Recuperar una tradición local ha sido el objetivo del Ayuntamiento con motivo de la festividad de Santiago. La Oficina de Turismo en colaboración con el centro de día han organizado un taller intergeneracional sobre elaboración de farolillos, los mismos que durante décadas elaboraron los niños casareños.

El paso del tiempo hizo que esta costumbre, muy arraigada en la noche del 24 de julio, se perdiera. Ahora se pretende poner en valor, y para ello se ha contado con la ayuda de los vecinos más longevos. Durante dos jornadas, los usuarios del centro de día han elaborado junto a un total de 11 niños los típicos farolillos realizados con sandías.

Sin embargo, los mayores casareños que han ejercido como maestros de este taller, explican que nada tenía que ver «cómo se vivía antes el día de la velada de Santiago a como se disfruta ahora». Explican que ellos, de niños, salían con sus sandías, a las que tallaban también dibujos y formas de cara, ponían una vela para iluminar y colgaban de una cuerda. Salían a cantar, desde la ermita de Santiago hasta la Portá Blanca, todo el Ejido arriba, y volvían a bajar. Además de los farolillos llevaban castañuelas y panderetas. «Ese día era más bonito antes que ahora, es una pena que todo se vaya perdiendo», han comentado un grupo de mujeres, entre las que se encontraba Flora, María, Julia o Juliana.

Mayores y niños vacían la sandía para hacer los farolillos. M.C.
Mayores y niños vacían la sandía para hacer los farolillos. M.C.

Por las calles los vecinos encendían pequeñas luminarias. Eran hogueras que avisaban de la festividad de Santiago, y servían para iluminar las calles a quienes pasaban cantando. Entre el recital de canciones estaban la tradicional de Santa Rita, o una que hacía referencia a los trabajadores de la era casareños. «Todo el Ejido arriba voy preguntando, dónde está la era de mi enamorado, que no se va la paloma no que la tengo yo, y se acaso se fuera ella volverá, que tiene a los pichones a medio criar, que no se va la paloma no, que no se va que la tengo yo», han narrado.

Y con esta actividad han recordado su infancia, con añoranza, pero también se han mostrado satisfechas por participar en este taller junto a los más pequeños. Los niños han conocido esta costumbre con la que disfrutaban antes los casareños. Vecinos que nacieron hace cuatro décadas también recuerdan llevar los farolillos por la festividad de Santiago, pero hoy día difícilmente se ven por las calles en este día.

Con la iniciativa del Ayuntamiento, hoy, al menos, habrá más presencia de farolillos por las calles del municipio. Quizá esta tradición vaya en aumento a partir de este año y alegre cada año el recuerdo de los que hace décadas fueron niños.