"Doña Toñi" se va tras 23 años en las aulas

Alumnos y profesores rindieron un cálido homenaje a la maestra de Lengua, Antonia Sierra Batalla

Doña Toñi ha impartido clases a algunas generaciones que van de padres a hijos desde el año 1988. L.C.G.
HOMENAJE

No cabe duda de que la ortografía, los hiatos, las esdrújulas y las onomatopeyas van a echar de menos a Antonia Sierra Batalla, conocida en los centros educativos por los que ha pasado como Doña Toñi. No es casareña, pero se siente como una vecina más tras pasar más de media vida profesional en esta localidad. Llegó hace 23 años para enseñar a sus alumnos las reglas básicas del buen lenguaje. Y lo consiguió con su perseverancia, con la insistencia y las ganas de enseñar que año tras año han caracterizado a esta popular maestra.

Con una larga trayectoria profesional le llega el momento de la jubilación, de decir adiós a centenares de alumnos, profesores y amigos. "Ha sido un tiempo muy agradable y no he hecho nunca intenciones para moverme de aquí, porque me he encontrado muy a gusto y he decidido terminar en este pueblo mi trayectoria profesional", explicó a este diario Doña Toñi.

Su forma de enseñar ha calado hondo todos estos años. Siempre se ha regido por un método tradicional y arraigado de enseñanza. "No soy una persona abierta al cambio y no he querido modificar mi forma de enseñar porque me ha ido bien", señaló.

Por sus clases han pasado numerosas promociones, y aunque no recuerda todos los nombres de sus alumnos, reconoce que las caras apenas se le olvidan. "Todos los que tienen menos de 37 años han sido alumnos míos, incluso he tenido estudiantes a los que también dí clases a sus padres", resaltó.

Para agradecer su plena dedicación, los alumnos y profesores le rindieron un cálido homenaje en un acto donde no faltaron los reconocimientos y las sorpresas. Sus estudiantes la calificaron como "buena profesora y persona". Entre muchas de las palabras expresadas, los alumnos señalaron que "de tanto insistir en clase hace que nos aprendamos las cosas". Algunos alumnos le dedicaron una poesía haciendo referencia a sus clases.

Tampoco faltaron los regalos de despedida, ni las flores, ni las fotografías para el recuerdo, ni los besos, ni los abrazos. El alcalde de la localidad, Florencio Rincón, le hizo entrega de un escudo de Casar de Cáceres, plasmado en cerámica. Asimismo le fueron reconocidos los valiosos servicios prestados con un diploma otorgado por la Consejería de Educación.

A partir de ahora, las clases de lengua también echarán de menos a esta maestra. Ya no va a corregir a nadie y resalta que "ya he corregido mucho y ahora toca que me corrijan a mí". Pese a que es consciente de que cuando se aleje de su profesión perderá su condición de "Doña", en este pueblo se le seguirá reconociendo como Doña Toñi. "Últimamente los alumnos me llaman Toñi y me decía una profesora que el doña sólo ayudaba a mantener el respeto", apuntó.

Atrás queda el año 1988, cuando llegó por primera vez a las aulas para dejar claro que es necesario insistir para aprender y disponer de un buen lenguaje, de una correcta Lengua.