El destino lleva a varios casareños, padres e hijos, hasta Suiza

José María Lindo emigró en 2011, y dos años después lo hizo su mujer e hijos, al igual que Antonio Granados hace unos meses

Casareños que residen en Suiza. CEDIDA
'CASAREÑOS POR EL MUNDO': SUIZA

El destino aleja o acerca. Más bien se acaba adueñando del futuro de las personas. Es el que marca su porvenir. En realidad, se sabe que nadie puede predecir su futuro. El qué pasará mañana siempre resulta ser una incógnita. Basta con que falte trabajo para, por ejemplo, tener que emigrar. Pero no todos lo hacen por este motivo, a otros el destino les ha hecho cambiar de vida por otras historias, quizás, por amor, o por tener ganas de crecer en su profesión.

De una u otra forma, cualquier motivo ha sido suficiente para que los casareños que hoy están repartidos por el mundo decidieran un buen día decir adiós a su tierra. A lo mejor, no por mucho tiempo, pero su presente está hoy en otras fronteras.

­José María Lindo emprendió esta aventura el 5 de septiembre de 2011. En plenas fiestas del Ramo inició un largo viaje hasta Suiza. Su profesión de yesista se había quedado paralizada y un amigo le comentó la posibilidad de ir a este país, en donde, según le dijeron, había bastante trabajo y con buenas condiciones. "Después de mucho meditarlo decidimos probar suerte ya que la situación aquí se estaba poniendo muy difícil para nuestro oficio", señala. Esta partida, prácticamente a ciegas, significaba un cambio radical de vida. Dejaba en su pueblo natal a su mujer e hijos, y emprendía así un nuevo rumbo hacia un país desconocido, con otro idioma y costumbres. "Tenía todas las ilusiones puestas en ello porque era la única manera de poder seguir manteniendo la casa y la familia", dice.

­El viaje lo realizó en coche junto a dos compañeros más. Tardó dos días en llegar a Suiza. "Cuando llegué la empresa me hizo una prueba y si no valía me tenía que volver, pero el jefe me dijo que empezaba al día siguiente, me dio una alegría tremenda porque ya tenía trabajo que era mi mayor preocupación", relata.

­Pese a que recuerda que los inicios fueron muy duros, lejos de la familia, con un clima totalmente invernal, muy lejos del verano que aún se dejaba notar en Casar de Cáceres, José María tuvo que hacer frente a algunos inconvenientes. Sobre todo al idioma. "Cuando llegué no entendía nada, me he integrado bastante bien, tengo varios amigos suizos que me ayudan, aunque he hecho cursos de alemán y me defiendo bien", recuerda. En poco tiempo vivió alguna experiencia negativa. Los dos primeros meses de trabajo no los cobró. "Estuve a punto de tirar la toalla, pero encontré una empresa que me hizo un contrato fijo y hasta ahora", añade. En su trabajo también se habla italiano, idioma que también llega a dominar.

­Con el paso del tiempo, y la adaptación al nuevo país, decidieron que su familia se trasladara con él. Así, su mujer, Susana Pérez, y sus hijos, Bruno (14 años) y Vera (12 años), emprendieron una nueva vida. "Empezamos a buscar una casa y acomodar todo para su llegada", cuenta. Esta decisión fue la más dura y nunca antes la habían tenido que tomar. "Me costó muchísimo decidirme, me preocupaban los niños, los padres queremos lo mejor para ellos y me daba miedo a equivocarme, me decidí porque aquí tendrían la oportunidad de aprender idiomas, conocer mundo y nuevas experiencias", relata Susana a través de correo electrónico. Lo peor fue la despedida. "Sales y no sabes cuando vuelves y te vas con ilusión pero con muchos miedos", matiza.

Cambio de vida

Hacer las maletas significaba tener que adaptarse. "Los niños empezaron el colegio sin entender ni media palabra. Bruno está en un colegio de idiomas, donde está aprendiendo alemán e inglés y se está enriqueciendo de varios idiomas ya que tiene amigos y compañeros, portugueses, italianos, y Vera está en un colegio que le están dando clases de alemán intensivas", explica.

­Aterrizar en un nuevo país siempre supone cambios de hábitos. Y esta familia se ha tenido que adaptar a las nuevas costumbres, aunque los inicios siempre son difíciles. "Para los niños el cambio fue muy drástico, aparte del idioma, los horarios de las comidas porque aquí se come a las doce y se cena a las seis, también tienen turnos partidos en el colegio, aquí la educación es totalmente gratuita desde libros, materiales y todo lo necesario", detalla Susana.

­Los ratos para el ocio también son muy diferentes a los de su pueblo. "La vida aquí es muy distinta, no existe el alterne como allí, nosotros vamos de vez en cuando algún club español que es donde te puedes tomar unas cañas con unas tapas o con unas raciones que es lo que más se acerca aquello", dice. De vez en cuando organizan comidas, y hace unos días la familia de José María invitó a cocido a su paisano Antonio y a otros amigos cacereños que también tienen allí su vida.

­Susana aprovecha su tiempo para aprender alemán. Se prepara para optar a un puesto de jornada completa en una firma suiza. Ahora tiene un contrato de media jornada. "Ahora están las cosas más complicadas con lo de la inmigración masiva y están pidiendo alemán hasta para limpiar", cuenta.

­Esta familia vive en Cantón Aargau, zona que limita con Alemania. "Es un país muy limpio, nos gusta mucho y la gente es muy agradable y educada", apunta.

­En su tiempo libre el matrimonio y sus hijos aprovechan para conocer los países que le rodean: Italia, Alemania, Francia y Austria. Es en estos países donde suelen hacer la compra ya que reconocen que en Suiza los precios se disparan. "La vida aquí es muy cara, una baguette vale casi 3 francos, que son 2,50 € aproximadamente, y el pollo te cuesta unos 12 euros", añade.

­­De momento no se les pasa por la cabeza regresar a España. "Volver en un principio no es la intención porque la situación no está para ello, si volviéramos sería porque tenemos trabajo y podamos tirar para adelante, pero también queremos darle la oportunidad a nuestros hijos de labrarse un futuro que desgraciadamente allí no podemos ofrecerles", indica el matrimonio.

"Emigrar es duro y me molesta cuando nos llaman aventureros, de alguna manera te invitan a irte y no es fácil para un joven de 20 años ponerse una mochila al hombre y salir a buscarse un futuro, pero creo que más duro es salir con dos niños", resalta. Aunque con su corazón en Casar de Cáceres, esta familia cierra los ojos, y quiere vivir la experiencia y enriquecerse de ella.

Otro casareño

­Antonio Granados es otro joven casareño que decidió irse a Suiza hace unos meses. Lo hizo porque, según cuenta, "en España no había trabajo ni futuro". Tiene una hija de once meses, y se tuvo que despedir de ella cuando sólo tenía seis. "Fue ella la que me impulsó a venirme, aunque con mucho dolor por dejarla allí a ella y a mi mujer", dice. Sus amigos le animaron a irse a este país, donde le aseguraron que encontraría trabajo. "Ellos fueron los que me ayudaron, sería muy duro si ellos no estuvieran", dice.

Ahora vive en una casa compartida con otros compañeros de trabajo, y así los gastos se reducen. Trabaja en la construcción como alicatador. "La situación en España la veo muy negra, no hay justicia, ni ayudas a los más necesitados, y aquí es todo lo contrario, estoy muy contento de haber dado este paso y aquí veo futuro para mi hija", narra. Quizás por este motivo tampoco tiene intención de regresar a España. "Mis planes, si es posible, son jubilarme aquí", añade. Pero su primer deseo, el que más ansía, es que su mujer e hija emigren también. "Quiero traérmelas lo antes posible porque es muy duro estar separados y perderme el crecimiento de mi hija", cuenta.

"Tenemos varios amigos del pueblo que ya nos han pedido que les busquemos trabajo aquí, la situación para muchos es desesperante y en lo que podamos ayudar, aquí estamos", sentencian José María y Susana.

Como estos primeros protagonistas, a día de hoy decenas de casareños tienen diferentes historias en muchas partes del mundo. Desde Hoy Casar de Cáceres se contará, cada mes, la vida de quienes un buen día decidieron partir de su pueblo para empezar una nueva vida en otros países. Todos llevaban un billete de ida que, sin duda, ya marca sus vidas.