"El cartero ha pasado de ser la figura más querida a la más temida"

Prado Muñoz Pacheco lleva 23 años ejerciendo de cartera

Prado Muñoz ha visto la evolución de Correos en la localidad. L.C.G.

Prado Muñoz Pacheco lleva 23 años ejerciendo como cartera en la localidad. Con su uniforme característico de Correos se encarga de repartir cartas a una gran cantidad de destinatarios. Su carácter afable hace que disfrute cada día de su trabajo. En todos estos años reconoce que han cambiado mucho las cosas, sobre todo, porque la tecnología ha dejado en el olvido las cartas de amor, de amistad o de fraternidad.

-         ¿Cómo llegó a Correos?

Entré en el año 1991. El puesto me llegó a través de una Bolsa de trabajo porque yo me apuntaba a todo lo que salía. A la de Correos me inscribí en 1989 pero no fue hasta dos años después cuando me llamaron para un contrato de tres horas. En todo este tiempo el pueblo ha evolucionado mucho. Yo empecé a repartir a pie, y ahora voy en moto, aunque primero tuve una vespa. También hemos cambiado de lugares, antes estábamos en locales del Ayuntamiento, en el edificio que hoy es el albergue del peregrino, y donde está hoy la Oficina de Consumo. Y hemos pasado de recibir el correo en sacas a tener contenedores con nuestros carritos.

-         De toda esta evolución, ¿qué destacaría?

Yo siempre digo que el cartero ha pasado de ser la figura más querida a la más temida. Hace años no teníamos móviles, ni emails, ni WhatsApp, y ya no se reciben cartas de familiares, novios o amigos que la gente estaba siempre estaba deseando que le llegaran. Ahora sólo llegan facturas de bancos, notificaciones de Hacienda o de tráfico, o recibos de la luz, el agua y todos los gastos. Y la gente cuando te ve llegar lo primero que te pregunta es '¿qué nos traes hoy?' Y eso es porque la carta personal que tanto gustaba ya no está, y saben que no todo lo que llega es bueno. La carta más esperada por las empresas y autónomos siempre son los pagos, les das una alegría cuando la entregas. En todos estos años el pueblo también ha crecido mucho, he visto cómo se construía la Ronda de la Charca, las calles Madrid y Lisboa, parte del Egido de Abajo, y otras más, pero con la crisis muchas barriadas se han quedado sin hacer. Ese crecimiento ha influido en que pasemos a tener contratos de siete horas.

-         En invierno soporta la lluvia y el frío, y en verano todo el calor, ¿cómo lo lleva?

Cuando llueve y hace frío hay que repartir porque puede que al día siguiente siga lloviendo y las cartas se tienen que entregar. Es más trabajoso, pero no queda otra. Y en verano pasas mucho calor. La mejor época es la de ahora. La gente te dice que por qué no madrugo más, porque salgo a repartir a partir de las diez de la mañana. Pero es que a las siete y media tenemos que clasificar todo el correo por calles, y luego organizarlo por el orden que llevas en esa calle. Muchas veces tardas más en el trabajo de oficina que en el que haces fuera.

-         ¿Es difícil gestionar el reparto de un pueblo?

Es fácil cuando ya conoces todo, pero realmente trabajar aquí hasta que te haces con el puesto es complicado porque, por ejemplo, en el casco antiguo los números se repiten y acabas entregando las cartas por el nombre y porque ya conoces a toda la gente. Cuando ya llevas tanto tiempo todo te sale mecánicamente. Además es un trabajo delicado, todos somos humanos y nos equivocamos. Si nos equivocamos al entregar una carta, es un inconveniente y auque normalmente la gente te devuelve la carta para entregársela a su destinatario, hay veces que sin darse cuenta la puede abrir el vecino y eso no gusta. Es un trabajo en el que parece que no te puedes equivocar porque te llevas la bronca, pero todos somos humanos.

-         En su trabajo tiene que estar en contacto con la gente ¿le gusta?

Me gusta mucho mi trabajo y parece que está hecho para mí. La mayoría de la gente es muy amable y se portan muy bien conmigo. Yo no sólo reparto cartas, también soy el correo de noticias porque la gente me pregunta quién se ha muerto, dónde vive tal persona o qué ha pasado en algún sitio. La gente te pregunta porque sabes que andas para arriba y para abajo y que, al final, me entero de todo.

-         ¿Y quién le entrega las cartas en su casa?

(Ríe) Cuando llegan las guardo en un cajón en la oficina, pero nunca me acuerdo de llevármelas para casa, y mis hijos me preguntan y les digo que se me han olvidado. Así que me dicen que deje al cartero del barrio que las eche al buzón. Soy la última en recibir las cartas. Ya sabes eso de en casa de herrero, cuchillo de palo.