Abalorios de lana para la ayuda contra el cáncer

Las primas Rocío Moreno y Rocío Pacheco e Irene Andrada, en el pequeño puesto de venta en la calle Gabril y Galán. /L.C.G.
Las primas Rocío Moreno y Rocío Pacheco e Irene Andrada, en el pequeño puesto de venta en la calle Gabril y Galán. / L.C.G.

Tres niñas destinarán la recaudación de las manualidades que realizan a la AECC

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

Nada más acabar el colegio, hace apenas una semana, Irene Andrada y Rocío Moreno pensaron en hacer abalorios con hilo y lana para vender en su propio puesto de venta. El plan, para evitar el aburrimiento de las mañanas veraniegas, es el perfecto para estas dos amigas, de 10 años, a las que les gusta mantenerse activas y aprovechar sus ratos de ocio con distintas actividades.

A esta iniciativa se ha sumado Rocío Pacheco, de 6 años y prima de Rocío Moreno. Sin saber cómo podría ir el pequeño negocio que han improvisado, y aconsejadas por las abuelas decidieron que las ganancias de la venta de sus pequeños abalorios las destinarían a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

«Primero pensaron que con la recaudación podrían comprarse algún libro para leerlo durante el verano, y luego le propuse que quizás lo mejor era donarlo a la ayuda contra el cáncer y les gustó mucho la idea», explica Sole, la abuela de las dos primas.

Y justamente eso es lo que pone en un cartel, creado por ellas mismas, en el que indican que los artículos que venden son «Para la ayuda contra el cáncer». El punto de confección y venta lo han instalado en el número 20 de la calle Gabriel y Galán, en casa de la abuela de Irene. Por las mañanas, entre las 11.00 y las 13.00 horas exponen, en la puerta, las pulseras, tobilleras, collares, pompones y demás objetos que ellas mismas realizan. «Les sirve de entretenimiento y se motivan porque saben que es para una acción solidaria», dicen sus abuelas.

Además, justo en frente de su improvisada tienda está la peluquería de la madre de Irene. Su clientela no duda en colaborar con esta causa. Tampoco los vecinos que suelen pasar por esta calle, y a quienes no les importa contribuir para este fin. «En todas las casas hay algún familiar con esta enfermedad y la gente está muy concienciada y colabora», dicen las abuelas.

Algunas tardes, aprovechando las horas de misa, las niñas han trasladado el pequeño puesto de venta al número 11 de la calle Iglesia. «Las mujeres que pasan a la parroquia nos ven y nos preguntan que para qué es esto y le decimos que para la ayuda contra el cáncer y nos compran», cuentan ilusionadas las niñas. Los precios de venta están entre uno y dos euros. «Podemos hacer cosas por encargo si alguien nos lo pide», cuentan. Hasta hoy ya tenían acumulada una recaudación de 20,50 euros.

Cuando era pequeña Irene aprendió a hacer pompones gracias a su abuela Macu. Ahora aprovecha esas lecciones para confeccionarlos ella misma. «A mí me enseñó Irene», dice Rocío. Entre madejas de lana disfrutarán de los días de verano, sabiendo que lo que hacen será destinado a una buena causa.