Milagros y Jorge, junto a su niña, en una imagen el día de su pedida. / CEDIDA

La emergencia sanitaria obliga a aplazar los 'sí quiero'

Varias parejas de casareños han tenido que aplazar su boda prevista para esta primavera y, según cuentan, sienten una gran incertidumbre de cuándo podrán celebrarla

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

Nadie quiere una boda sin invitados, sin besos ni abrazos, sin banquete y un gran baile. La crisis del coronavirus también impacta sobre los 'sí quiero'. En Casar de Cáceres varias parejas se han visto obligadas a posponer sus bodas, previstas para esta primavera.

Raquel Caballero y Lázaro Polo habían programado la fecha de su enlace para este 25 de abril. Una boda civil con unos 180 invitados y que, por el momento, no podrán protagonizar. Lo habían preparado con apenas tres meses de antelación. En enero decidieron reservar fecha. «A mí no me gustaba organizar la boda con un año de antelación, dije que no hacía falta tanto tiempo que en tres meses todo se organizaba sin problema, y mira, al final si la cosa sigue así pasará ese tiempo, ¿quién podía imaginar algo así?», cuenta Raquel.

Su principal preocupación no es la prisa por contraer matrimonio, ya que viven desde hace varios años juntos y son padres de una niña, Carlota, de dos años y medio. «Era la ilusión que teníamos por ese día, al principio lo pasé mal porque ya estaba todo organizado, incluso habíamos repartido la mitad de las invitaciones cuando empezó el estado de alarma, ahora tendremos que poner una pegatina y cambiar la fecha para aprovechar las que nos quedan por entregar», dice la joven. El Restaurante Casa Claudio, lugar en el que se iba a celebrar la boda civil y el convite, los llamó para aplazar la fecha.

Por el momento, tienen reservado el 17 de octubre, pero la pareja teme que las restricciones para las celebraciones les obligue a reducir invitados. «No sabemos qué va a pasar, y si nos dicen que los invitados tienen que estar separados a una distancia concreta y no caben todos en el salón, es imposible quitar a nadie de la lista, son todos familiares y amigos», relata.

Lázaro y Raquel tenían todo listo para casarse este 25 de abril. / CEDIDA

Raquel se realizó la última prueba del vestido unos días antes de que se decretara el estado de alarma. «De broma en la tienda decíamos, a ver si no nos vamos a poder casar», recuerda. Y lo que parecía imposible, ha sucedido. Ni siquiera ha podido contactar con la tienda en la que adquirió su vestido, ya que echaron el cierre el pasado 14 de marzo.

«No sabemos lo que va a pasar, tenemos esa incertidumbre y pensamos que si lo dejamos para el próximo año, quizás se junten todos los eventos y sea peor», aclara.

El sueño pospuesto de Jorge y Milagros

Otra pareja de amigos, la formada por Milagros Rey y Jorge Monge, están en la misma situación. Tenían que haber cambiado de estado civil el próximo 30 de mayo. Pero la actual situación de crisis sanitaria los ha llevado a escoger otra fecha: el 11 de julio. Según pasan los días ven difícil que esa segunda opción pueda llevarse a cabo. «Elegimos ese día porque no queríamos que hubiera mucha diferencia de tiempo, pero no queremos estar en la boda con mascarillas», puntualiza Milagros.

Jorge le pidió la mano el pasado 29 de agosto. Contrató a Jose 'El Pira' y Tamara Alegre para dar este paso, el más importante de su vida. «Fue una sorpresa, y ese mismo día decidimos la fecha en el restaurante, escogimos mayo porque septiembre estaba ocupado», cuenta la novia.

Durante meses han organizado todos los preparativos y detalles de su boda con una gran ilusión. Tenían su luna de miel contratada. Se iban a Disney para llevar a su hija Vega, de tres años, y a conocer París. Tenían un seguro de cancelación que no les cubre la devolución por pandemia, pero sí por cancelación de boda. Así que la parroquia lo deberá justificar para que le reembolsen el dinero.

A dos meses de la boda tenían ya elegidos los trajes y las flores, al fotógrafo y las invitaciones. «Espero que no haya problema con los trajes, y que el de mi niña se pueda cambiar de talla si todo se aplaza mucho más», dice. Las invitaciones, por suerte, no las han repartido, pero tendrán que subsanar el cambio de fecha.

La pareja ya se cuestiona si sería mejor aplazar la boda a octubre o dejar la fecha en el aire y ver cómo evoluciona la situación de emergencia sanitaria. Para ellos todo esto se ha convertido en un baile de fechas. «Primero me iba a casar en mayo por la tarde, en julio ya es por la mañana y si al final no puede ser y cojo octubre tiene que ser en domingo, ya no es lo que queramos, es lo que pueda ser porque hay que tener en cuenta la disponibilidad de la iglesia, del restaurante, del fotógrafo, cuadrar todo», relata.

El confinamiento lo viven con la preocupación de cómo se resolverá el plan más importante que tenían previsto para este año. «Ya le he dicho a Jorge que no vamos a dar más fechas a nadie, que según veamos cómo van las cosas decidiremos porque si no estás todo el día pensando en esto», relata la joven.

El día que se casen usarán las alianzas que también tienen ya en su poder. Con la fecha del 30 de mayo. «Ya las tenemos, así que cuando sepamos definitivamente el día que nos casamos grabaremos también la otra fecha y así tenemos las dos para recordar todo esto», ironiza la joven.

Ambas parejas de amigos tienen algo en común: podrán contar la misma anécdota numerosas veces a lo largo de su vida. La historieta de cuando el coronavirus se opuso a su casamiento.