HISTORIA DE CASAREÑOS

Gabina y Augusto: 70 años de matrimonio

Gabina y Augusto: 70 años de matrimonio
Juntos pasan todas las horas del día, en su casa de la calle Larga Baja. L.C.G.

Los nonagenarios llevan juntos casi toda su vida, y aseguran que el secreto de su relación ha sido el respeto mutuo

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

Serafín Augusto Tovar Vivas y Gabina Sánchez Casares llevan casados 70 años. Se podría decir que es el matrimonio más longevo del municipio. Al menos, ellos no conocen a ninguna otra pareja de ancianos que sobrevivan a sus edades a día de hoy.

Gabina, a sus 94 años, goza de buena salud y memoria. Su marido, con 96 años, tiene mayores achaques. Los nonagenarios se casaron el 12 de mayo de 1949. Se conocieron dos años antes de esa fecha. Ella contaba con 22 años y él sumaba 24. Cuando decidieron contraer matrimonio lo dieron a conocer a sus familias, quienes acordaron la fecha de la boda. El traje de novia se lo confeccionó una modista muy conocida de Cáceres.

Ese día tan importante, Augusto pasó por el número 20 de la calle Larga Baja, en el que ella residía junto a sus padres y donde el matrimonio ha vivido todo este tiempo, a recoger a su novia. Los pretendientes fueron caminando hasta la parroquia. «Yo fui del brazo de mi hermano Gregorio, que por aquella época los hermanos eran siempre los padrinos», cuenta Gabina.

Días antes había llovido, y las calles de Casar de Cáceres estaban aún sin asfaltar. «Se me ensució todo el vestido nada más salir a la calle porque quedaban algunos charcos», dice. Llevó un ramo de flores, era artificial, que le entregó después a la imagen de la Inmaculada. Cuando los novios salieron de la iglesia nadie les tiró arroz. Por entonces, esa costumbre no existía. «Era una época de hambre y no se hacía», resalta.

Gabina y Augusto, el día de su boda.
Gabina y Augusto, el día de su boda. / CEDIDA

El banquete de su boda se realizó por partida doble. Uno en casa de sus padres, para los invitados de su familia. Otro en casa del novio. «La víspera de la boda se mataban las gallinas o borregos que se iban a comer en el banquete», dice. De postre no faltaban las tortas borrachas, la leche guisada o los coquillos y floretas (según Gabina, estos últimos en aquellos años conocían como «muerte en dulce»).

«Los invitados de cada familia comían en una casa distinta, yo me fui a la del novio, por la noche el novio vino a la mía, y por la tarde fuimos a ver a la Virgen», relata. El vestido de novia sólo se lucía en la parroquia, al llegar a casa Gabina se lo quitó.

Sonaban en aquella época los temas 'Dos gardenias' de Antonio Machín, 'Alma, corazón y vida' de Los Panchos o 'Espinita' de Juanito Segarra. El baile de boda se celebró en un bar próximo a su casa, ubicado justo debajo de lo que hoy es la Oficina de Turismo. No tuvieron despedida de soltero ni luna de miel.

Muy felices

«Hemos sido un matrimonio feliz, gracias a Dios nos ha ido bien», cuenta Gabina. Fruto de su amor tuvieron dos hijos, Germán y Pedro. Y dos nietas, a las que adoran. Augusto era ganadero y labrador, pero al casarse comenzó a trabajar en el comercio de tejidos que su suegro regentaba en la Avenida Constitución. Ella era ama de casa.

Gabina asegura que no hay un secreto para construir un matrimonio con 70 años. «Hay que respetarse, ayudarse y si se hace algo mal y no te gusta, pues aguantarse», dice. La anciana no recuerda divorcios de conocidos de su quinta. Ahora se lleva las manos a la cabeza cuando se entera de que alguien más joven se ha separado. «Me llama mucho la atención», puntualiza.

El matrimonio de ancianos pasa el día junto. Comparten, en su comedor, su presencia. A ella le encanta hacer ganchillo y leer. «Todos los días le traen el periódico y una vez a la semana la revista 'Hola'», cuenta su nuera Mercedes. Durante estos años han compartido todo, especialmente las tradiciones de su pueblo. Han sido mayordomos de todas las cofradías, y en ocasiones también diputados, a excepción de la de San Benito y San Blas. «Me gustan muchos las tradiciones de mi pueblo y me da mucha pena que desaparezcan», apunta. El matrimonio recibe en su casa desde los últimos años la bolla de anís que reparte la cofradía de Ánimas, y que le hace especial ilusión.

El próximo 12 de mayo celebrarán este aniversario con una comida en su casa, con sus allegados, en el mismo lugar en el que tuvieron su banquete nupcial. Ese día recordarán todos los años vividos. Un logro de las que pocas parejas en el mundo pueden presumir.

Siete décadas después, Augusto y Gabina se toman la mano, sentados en el sillón de su casa. Se miran con ternura primero, y luego dirigen su mirada a la cámara de fotos, tras contar su particular historia, y como si del retrato de boda se tratara. Es la historia de amor que el periódico de su pueblo ha querido narrar. No todos los días alguien celebra 70 años de matrimonio.