José María ha afrontado hoy su última jornada laboral en la oficina de Correos. / L.C.G.

«Me quedo con la satisfacción de haber ayudado a todo el mundo»

José María Gudiño se jubila tras 38 años como funcionario de Correos, y con el sueño cumplido de contar próximamente con una nueva oficina que mejorará el servicio en la localidad

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

José María Gudiño ha puesto hoy punto y final a su vida profesional tras 38 años como funcionario de Correos. Por sus manos han pasado incontables cartas y paquetes, procedentes de infinitos lugares o enviadas a innumerables direcciones. Comenzó como cartero cuando tenía 24 años. Su primer destino fue la localidad cacereña de Perales del Puerto.

A ese pequeño municipio de la Sierra de Gata, que por aquella época tenía poco más de mil habitantes, llegó José María en su primer traslado. «Fue realmente un laboratorio de trabajo, ejercer en aquel momento era mucho más difícil que ahora porque no había nombre de calles, tenías que aprenderte los nombres de los vecinos y dónde vivían, ibas al Ayuntamiento a preguntar, o los municipales te solían ayudar dando los nombres o apodos y al final te los aprendía, fueron años muy bonitos», narra.

En poco tiempo consiguió ganarse el afecto de los vecinos. Esa localidad también le trae buenos recuerdos porque fue en la que nacieron sus tres hijos. Recuerda el cariño con el que su familia fue tratada en aquellos años. «El comportamiento hacia mi familia fue espléndido, cuando nacían mis hijos nos llevaban regalos, incluso me daban el aguinaldo, y les decía que no quería dinero, pero lo hacían en agradecimiento por mi trabajo, pero yo les decía que ya me pagaban por ello», cuenta.

De esos primeros seis años en Perales, Gudiño guarda muchas anécdotas, pero la más destacada que se le viene a la cabeza es la que sucedía cuando venía a Casar a disfrutar de las vacaciones de verano. «Iba la gente a mandar cartas certificadas o paquetes, y al ver que yo no estaba al sustituto le decían que ya volverían cuando yo estuviera, porque querían que yo le tramitara el envío», relata. Según explica, con los años se genera confianza con los vecinos. «Los tres partidos políticos de Perales me ofrecieron ser alcalde, les dije que no, que mi labor era hacer mi trabajo», destaca aún sorprendido por aquellas propuestas.

Alcuéscar, su segundo destino

Su siguiente destino fue Alcuéscar. En este municipio ya contaba con un compañero de reparto, pero tampoco disponían de un local. «Cuando llegábamos con el traslado teníamos que aportar un local», dice. Así que nuevamente hizo de su casa su oficina de Correos. Pese a ello nunca cesó en su empeño de que esa localidad contara con una oficina de Correos, de la que no pudo disfrutar. «Cuando me vine a Casar de Cáceres se iniciaban las obras del local de Correos de Alcuéscar, y eso mismo me va a pasar ahora que me jubilo, que se van a empezar las obras de la nueva oficina en la calle Barrionuevo, con casi 100 metros cuadrados, aunque aún tardarán en estar listas alrededor de un año», apunta.

Para Gudiño disponer de unas infraestructuras adaptadas a las necesidades de los casareños ha sido incluso motivo de desvelo muchas noches. Recuerda que cuando llegó a Casar tampoco había un local de Correos. Su primera función fue repartir cartas durante algo más de un año. Desde hace algo más de dos décadas ha estado al frente de la oficina de Correos, tras realizar una formación específica en Madrid. Aunque se quedará sin poder inaugurarla sabe que ese nuevo proyecto mejorará el servicio. «Va a ser una oficina fantástica, llevo luchando por un local nuevo más de 10 años, éste se nos queda pequeño y por las necesidades que tiene el pueblo necesitamos mejores instalaciones», comenta con entusiasmo.

Gudiño siempre ha tenido claro que, en su puesto de trabajo, lo primordial es dar solución a cualquier asunto. «Cuando viene una persona con un problema hay que solucionarlo, de aquí tiene que salir satisfecho, y eso es lo que he intentado hacer siempre», expresa.

José María se jubila satisfecho por el trabajo realizado en estas casi cuatro décadas. «Me quedo con la satisfacción de haber ayudado a todo el mundo, también somos seres humanos y nos podemos equivocar, pero siempre he trabajado en beneficio de los demás», resalta.

Aunque afincado en Casar, es natural de Garrovillas de Alconétar, localidad en la que a partir de ahora le gustaría pasar más tiempo para realizar alguna afición. También dedicará su tiempo libre a pasear y a su familia, especialmente a su nieto.