La mayoría de los alumnos buscan reforzar sus conocimientos.
La mayoría de los alumnos buscan reforzar sus conocimientos. / L.C.G.

El programa 'Mayores activos' abre las aulas a casareños de diferentes edades

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  • Con esta acción formativa se cubren distintas necesidades, ya que se enseña a leer y escribir, pero también a reforzar el aprendizaje de quienes ya fueron a la escula

Segunda Luna está concentrada en las sumas que debe resolver. Junto a ella José Barrantes se desenvuelve cada vez mejor en temas de cálculo. A sus 83 años Margarita Conejero tampoco levanta la mirada de ese folio repleto de números. Junto a ellos está la profesora Ángela Barra. De lunes a jueves acuden a clases que les enseñan todo lo que en su infancia no aprendieron.

Son alumnos fieles del programa de ‘Mayores activos’ que se puso en marcha en el año 2001 en la Universidad Popular como un proyecto piloto. Desde entonces decenas de personas han respaldado este proyecto que ya está consolidado.

“En todo este tiempo han pasado por aquí gente con perfiles muy variados, con distintas necesidades y edades, desde gente que lee pero no escribe, o las que vienen para reforzar la escritura”, dice la tutora de este curso que se prolonga de octubre a junio.

El primer turno de cada jornada vespertina se dedica al grupo de casareños que tuvo que dejar la escuela para ponerse a trabajar siendo niños. José lleva 11 años asistiendo a estas clases de lectura, escritura y cálculo. A sus 75 años recuerda que la vida no le dio la oportunidad de aprender en la escuela. “Aquella época era nacer para empezar a trabajar y poder comer”, dice. Sus ganas de adquirir los conocimientos que un día tuvo que dejar a un lado le hacen pasar buena parte de las tardes entre papeles, e incluso, el ordenador. Precisamente también asiste a las clases de informática y los talleres de memoria que se incluyen dentro de este programa formativo.

Además del aprendizaje, los alumnos destacan los buenos ratos que pasan en el aula. Con 82 años Segunda ha encontrado un lugar en el que se siente como en casa. “Antes lo que había eran cartillas, y no recuerdo si a la segunda o a la tercera me tuve que salir para ir a trabajar, poco a poco vamos aprendiendo”, relata mientras hace sumas.

Su compañera Margarita es la más veterana de las alumnas. “Me da pena no poder leer pero poco a poco lo voy consiguiendo”, dice. Siente una gran satisfacción porque gracias a este programa de formación ha conseguido realizar su firma. “No sabía escribir mi nombre, y no podía firmar, pero ya sí”, asegura. Esta octogenaria se lleva mejor con las actividades de cálculo.

“Están muy comprometidos con las clases, no suelen faltar porque les gusta”, dice Barra de sus alumnos del primer turno.

Tras hora y media de clase, Ángela da la bienvenida al otro grupo integrado sólo por mujeres. Alumnas con edades variopintas y que necesitan una atención menos individualizada. “Venimos para mantener nuestros conocimientos”, cuenta Toñi, que obtuvo el certificado en la escuela. Gabina es la mayor del grupo. Esta octogenaria tuvo la oportunidad de ir a la escuela. Su padre era carbonero y ella era la encargada de realizar las cuentas en aquella época. “Antes no se le daba tanta importancia a la ortografía, era más importante echar bien las cuentas, mi padre me llevó a una escuela de pago para que aprendiera y no me equivocara cuando compraba o vendía”, argumenta esta mujer que se siente plenamente privilegiada con la formación recibida en la niñez.

María Ronco se encarga de impartir las clases sobre la memoria e informática. El grupo es más reducido porque los alumnos escogen a qué clases van y a cuales no. “Con los más mayores se trabaja a través de juegos para fortalecer la memoria, es una clase muy dinámica donde intentas sobre todo tener rapidez mental y recordar”, dice. En el aula de informática los conceptos que se les explican son básicos. Para este curso se centrarán en el conocimiento del ordenador, la creación de documentos y navegar en internet. De esta forma se les facilita un recurso más en su día a día. “Hay a quienes no les gusta o no tienen ordenador en casa y dicen que para qué van a venir”, cuenta.

La gerente de la Universidad Popular, Isabel Cáceres, señala que “el objetivo de este programa era dinamizar al colectivo de mayores porque nos encontrábamos con un número importante de personas jubiladas que se encontraban activas y necesitaban ubicarles en diferentes actividades”.

El interés de los casareños por este proyecto ha sido destacable. De hecho hay alumnos que se mantienen desde su puesta en funcionamiento. Años antes sólo existía un aula de adultos, del que algunos ya formaban parte. “Se les abre el campo de formación porque tienen acceso a las nuevas tecnologías o se les involucra en charlas u otras actividades”, matiza Cáceres.

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