Machu Pichu, Perú.
Machu Pichu, Perú.

La conquista de El Cuzco

"Antonio: Los soldados del ejército de mi país entraron en mi aldea, casa por casa, buscando terroristas de Sendero Luminoso, mataron a casi todos los adultos a machetazos acusándolos de dar cobertura a los Senderistas, vi los tiros que dieron a papá y vi a mamá arañando a los soldados borrachos de alcohol y embriagados de sangre, mientras era arrastrada por sus ropas hasta el barrizal que había dejado una noche de lluvia y tiros. Por la mañana vi, con otros niños, como los soldados jugaban al fútbol con las cabezas que había cortado a machetazos, una de esas cabezas, Antonio, era de mamá".

No pude articular palabra en cinco minutos, sólo podía mirar a mi joven amigo mientras me secaba los ojos empapados en lágrimas. Cenábamos en un bello restaurante en Barranco, el barrio bohemio de Lima. Lo primero que se me ocurrió decir: ¿Cómo has podido sobrevivir a esa tragedia sin volverte loco de por vida? Jamás vi odio en su cara, porque además de ser un tipo inteligente es, sobre todo, una buena persona.

Mi amigo se vino con ocho años a vivir a un humilde barrio de la enorme y paupérrima periferia de Lima, a casa de unos parientes. Lo acogieron, lo educaron y con esfuerzo y talento hizo una brillante carrera de derecho en la San Marcos, como es conocida la Universidad de San Marcos, la más antigua de Perú y más antigua de América.

Hoy, mi cholo, como cariñosamente le llamo, tiene un gran despacho en Lima con una veintena de abogados a sus órdenes, al tiempo que dirige la asesoría jurídica de un Banco en El Perú.

Como secuela, me contó, que persiste algún despertar empapado en sudor, sólo eso.

---"De todas formas Antonio, mi pueblo está maldito, hace quinientos años, tu paisano Pizarro, hizo lo mismo con los humildes habitantes de esa aldea donde nací en los Andes,..... mala suerte, mi pueblo se cruzó con Pizarro en su ruta hacía El Cuzco"

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Dos semanas después de la ejecución de Atahualpa, Pizarro y el reducido grupo de Españoles, se dirigieron hacia El Cuzco acompañados por el recién adherido ejercito del emperador derrotado y muerto. Descendieron por la cara oriental de los Andes, una ruta difícil de unos 1000 km, en la que iban sumando adhesiones de etnias, tiranizadas por los dirigentes Incas, pero también tuvieron que enfrentarse y vencer a pueblos afines a la recién derrotada dinastía. Fue terrible la batalla en las inmediaciones de Jauja, muchos fueron los días de intensos combates. Gonzalo Pizarro, lugarteniente y hermano del conquistador, confesaría; "Ni tiempo tenemos de limpiar de sangre nuestras espadas". La ruta hacia El Cuzco, fue muy dura, sólo la ambición por capturar la riqueza del imperio mantuvo en pie tan dura empresa. Fue una embriaguez de sangre y muerte, mataban sin piedad ni clemencia a toda la resistencia que encontraron, en orgias de desolación y muerte. Tenían la permisión para llevar a cabo estas masacres; por un lado, el mandato/autorización Real de conquista, por otro, la avidez de oro que les invadió y, finalmente, el titubeo inicial de la iglesia católica en los procedimientos a emplear para una adecuada evangelización.

El poderoso ejército que acompañó a Pizarro, entró en El Cuzco un año después de la salida de Cajamarca. La población -100.000 habitantes- recibió a Pizarro y a su ejército entre vítores y alabanzas, sin que presentara resistencia alguna. Una vez tomado el control de la ciudad, el trujillano nombró un títere como emperador -Manco el Inca- que manejaba a su antojo y que obedecía las ordenanzas de los españoles sin mucha objeción. No obstante, Pizarro dejo dos hermanos controlando la conquista y él partió hacia la costa a fundar la Ciudad de los Reyes, hoy Lima, en 1535. Esta ciudad, además de ofrecer un clima más benigno, que el de las altas montañas de los andes, permitía controlar la entrada y salida de los barcos desde el cercano puerto del Callao, el más importante del Pacifico durante los tres siglos siguientes.

Concluyamos diciendo que el éxito de esta imponente conquista se logró básicamente gracias a la guerra que enfrentaba a los herederos del emperador Huayna Cápac -muerto en Quito en 1527 de viruela- y que tenia dividida y enfrentada la población: en el norte Atahualpa, y en sur, Huáscar. Suerte que en ese justo momento llegó Pizarro, que no hizo más que precipitar la descomposición del imperio ya en marcha por el disputado poder de sus mandatarios. Todo gran imperio tiende a la destrucción poco después de su máximo esplendor. La civilización Incaica que nació en las proximidades el lago Titicaca no se libró de esa regla, logró extender sus dominios y su cultura a lo largo y ancho de un vasto territorio de América del Sur. Los restos de su obra todavía se pueden ver. Las calles de Cuzco y la geometría de sus piedras, nos pueden dar una idea de sus sólidos conocimientos de arquitectura y del dominio de los espacios y de la alta tecnología que dominaban.

El Machu-Picchu, esa ciudad en el cielo, ese lugar mágico que mientras lo paseas te traslada a otra dimensión. Encierra entre sus muros, sus terrazas, sus cultivos y su sistema de evacuación de las abundantes lluvias, una tecnología que actualmente inspira a muchos paisajistas y arquitectos urbanos. Todo un derroche de prodigioso talento. Siempre digo que, si las construcciones en el Machu son importantes, lo realmente grandioso es el lugar que, el, sin duda, romántico y soñador, Pachacútec (¡qué hubiera dado por conocerlo!) eligió para construir su ciudad en el siglo XV. Es casi imposible encontrar un lugar en el planeta como Machu-Picchu. La magia de esas montañas verdes flotando entre nubes, te roban el corazón de por vida; las vibraciones que se sienten en ese lugar no las he sentido en ningún otro. No importó el número de veces que lo visité, siempre que he ido vibré de otra manera, sin duda está embrujado, y lo dice alguien que no ha conseguido salir jamás de esta dimensión terrenal.

Todo El Perú está lleno de vestigios de esa gran cultura, pero como digo más arriba, todas las civilizaciones tienen sus comienzos, su esplendor y su decadencia en periodos de distinta duración. No se ha salvado ninguna.

La conquista de El Perú, no hay que olvidar que, aunque ejecutada en los inicios por un grupo de feroces y marginados españoles, fue básicamente una empresa económica, que justificó, salvo en honrosas excepciones (Bartolomé de las Casas) el sacrificio de millones de nativos. La población del imperio inca a la llegada los españoles se cifra en unos doce millones de personas, tres décadas después apenas llegaba a un millón. La dureza con la que los encomenderos españoles trataron a los indígenas, sometiéndolos a durísimos trabajos para la obtención del oro y la plata, el contagio de enfermedades europeas; viruela, gripe etc, pusieron en muy poco tiempo la población indígena al borde la extinción, llegando éstos a realizar suicidios colectivos y matanzas de sus hijos para impedirles el sufrimiento que les esperaba a manos de los españoles. Todo un trágico fin de una gran civilización.

Los españoles que llegaron después, casi superan en crueldad a Pizarro y su gente....

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