Pablo Sánchez, el casareño que peregrina con los presos desde Huelva hasta El Rocío

Pablo Sánchez, pese a estar jubilidado, sigue organizando la peregrinación cada año. /L.C.G.
Pablo Sánchez, pese a estar jubilidado, sigue organizando la peregrinación cada año. / L.C.G.

Durante 35 años ha ejercido como funcionario de prisiones, y fue el promotor hace 20 años de esta peregrinación, una iniciativa única en España

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

Pablo Sánchez Molano nació y pasó su infancia y adolescencia en Casar de Cáceres. Vivió junto a sus padres Pablo y Angelita en la calle Larga Alta. También junto a su hermana Margarita. El destino quiso que en 1975 aprobara las oposiciones de funcionario de Prisiones y pusiera rumbo a Barcelona.

Un año y medio después se trasladó hasta el centro penitenciario madrileño de Carabanchel. En 1977 se produjo el famoso motín. Los presos quemaron la prisión, y animado por otros compañeros escogió Huelva como próximo destino. «Iba a ser por dos meses hasta que reconstruyeran la prisión, nos dieron a elegir plaza en comisión de servicios y varios amigos me decían que por qué no nos íbamos a Huelva, que tenía playa», recuerda Sánchez. Así emprendió una aventura que marcó su vida para siempre.

En unas fiestas en el municipio onubense de Moguer conoció a su mujer. En esta ocasión pidió el traslado por amor. Dejó Madrid y se fue a Huelva, lugar en el que sigue afincando a día de hoy y en el que ha formado una familia. En el centro penitenciario ejerció durante 35 años hasta que se jubiló en 2014. Pese a su retirada del mundo laboral, Pablo Sánchez, sigue manteniendo su vinculación con este centro, el mismo en el que él promovió hace ya 20 años la popular peregrinación de presos desde la cárcel hasta El Rocío. Un evento anual único en España y que se mantiene gracias al trabajo de este casareño. La mayor parte de su tiempo, aunque ejerció en varios puestos, lo dedicó a ser educador.

La pasión que despertó en él la Virgen del Rocío es una de las causas por las que pensó que los internos debían peregrinar hasta la aldea almonteña, al menos, una vez al año. «Yo siempre he sido muy mariano, cada vez que iba al pueblo visitaba a la Virgen del Prado y cuando llegué a Huelva me impactó ver a la Virgen del Rocío sobre una pared blanca, ni siquiera estaba el retablo de la ermita, y estaba apoyada en unas andas», cuenta. A partir de ese momento se hizo rociero.

Se vinculó a la directiva de la Hermandad del Rocío de Moguer. Poco después surgió la idea de hacer la peregrinación al Rocío, una iniciativa que planteó a su hermandad y que fue apoyada. En el año 2000 salieron los 16 primeros internos, en libertad vigilada, para formar parte de esa peregrinación. Un total de 62 kilómetros separan la Prisión Provincial de Huelva de la ermita almonteña.

La peregrinación es una actividad de reinserción social de los internos, además de un encuentro religioso en el que no faltan los rezos y los cantos durante el camino. «Se invita a los presos que no sean conflictivos, que no sea un delincuente habitual, aunque da igual el número de años de condena, se les ayuda desde el punto de vista religioso y con su implicación se les reduce condena o se les conceden antes el tercer grado», explica.

La peregrinación de la vigésima edición, el pasado mes de mayo.
La peregrinación de la vigésima edición, el pasado mes de mayo. / CEDIDA

En el año 2012 se constituyó la Asociación rociera La Libertad, actual organizadora de este evento, al que se pretende dar continuidad. Pablo Sánchez es el vicepresidente de este colectivo. «Es la actividad más importante de la prisión por el tiempo que se ha logrado mantener y porque se ha hecho partícipe a otros centros penitenciarios de Andalucía, Ceuta y Melilla en estos años», añade.

Los organizadores destacan «la ilusión» que genera este encuentro entre los internos. Es tal la fama que hay una larga lista de espera. Este año dos presos han salido tras aguardar su turno durante nueve años. En total lo han hecho cinco mujeres y once hombres. Otros dos, que también tenían autorización, han perdido la oportunidad de hacer este camino. «A uno le han concedido el tercer grado y ha cambiado de prisión y otra mujer sufrió una lesión», dice.

Este año la peregrinación tuvo lugar los días 8 y 9 de mayo. «A los que seleccionamos para que vayan se les prepara con tiempo, empezamos a organizar todo en el mes de enero y hay momentos de estrés porque es mucha la responsabilidad», resalta. Pero cuentan con la colaboración de las Hermandades de Moguer, Palos de la Frontera, de Almonte y San Juan del Puerto.

El primer día caminaron 42 kilómetros. Alrededor de un centenar de personas formaron la comitiva, quienes integraron los equipos de vigilancia de los internos, los de cocina o de intendencia encargados de supervisar que todo estuviera a punto para las comidas o la pernoctación, o la tarea de ir abriendo camino.

La casareña Pilar González se siente orgullosa de formar parte de este equipo. Desde hace 12 años acude a esta cita para ayudar en lo que sea necesario. «Se crea muy buen ambiente, cada año vengo más contenta y pese a que el camino es duro es una gran experiencia y guardas muchas anécdotas», destaca. Los colaboradores comparten horas de charlas, risas y confesiones con los internos. Se ha dado el caso de que algunos internos fueron también colaboradores en esta peregrinación tras su condena. Uno de ellos fue Juan Amor, ya fallecido, y al que se le ha hecho un homenaje.

Uno de los momentos del camino.
Uno de los momentos del camino. / CEDIDA

En esta peregrinación se viven momentos llenos de emoción. Por la noche las velas alumbran a los participantes mientras realizan el rosario y entre misterio y misterio se bailan sevillanas. De este momento se encarga cada año la Fundación Amparo Correa. Mientras los peregrinos duermen también se les da serenata. Pero el momento más mágico se vive a la llegada al Rocío. Allí los familiares de los internos les esperan. «Hay presos que conocen allí a sus hijos, sobrinos o nietos, para muchos que tienen muchos años de condena, es la primera oportunidad que tienen de salir y son momentos de gran emoción», explica este funcionario casareño.

«Nunca hemos tenido ningún percance, la Virgen siempre nos ha puesto el manto y mientras ella me dé fuerzas seguiré realizando esta peregrinación porque no quiero que esto acabe», asegura Sánchez. En una pared de la prisión de Huelva se mandó pintar el camino al Rocío. Una imagen que todos los presos miran y respetan cada día.