Unas 500 personas asisten a la 'Noche del terror' a favor de ACNUR

Zona del hospital psiquiátrico. /L.C.G.
Zona del hospital psiquiátrico. / L.C.G.

Un grupo de 40 figurantes y colaboradores hacen posible esta segunda edición que tuvo como escenario el Centro de Ocio y Cultura

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

La segunda edición de la Noche del terror, incluida dentro del programa 'Agosto joven' de la concejalía de Juventud, volvió a contar anoche con centenares de participantes. En concreto, y según los cálculos de la organización accedieron una veintena de grupos, de entre 20 y 25 personas cada uno, por lo que la participación rondó las 500 personas, entre adultos y niños.

Un grupo de 40 figurantes y colaboradores habían preparado durante varios días este encuentro, que en esta ocasión se ha realizado con un fin benéfico, ya que cada participante colaboró con dos euros, que serán destinados íntegramente a la asociación ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

Este año el escenario más terrorífico se trasladó hasta el Centro de Ocio y Cultura. Durante tres horas se dio acceso a los visitantes, que aguardaron sus turnos formando una larga cola. El recorrido, que duraba unos 15 minutos, se iniciaba en la puerta principal, con la proyección de imágenes aterradoras. A partir de ahí, cuatro guías se encargaban de trasladar por los distintos ambientes a los participantes.

Un grupo de tres novias ensangrentadas y subidas a una pasarela daban la bienvenida a los grupos. Por los anchos pasillos del centro de ocio, iluminados con velas, se llegaba hasta una habitación del hospital psiquiátrico, en el que varios torturadores y torturados intimidaban a los participantes y deambulaban a su libre antojo entre ellos. Algunos ya habían formado parte como actores el pasado año. Entre ellos estaban Jairo y Elías, a quienes les gusta el mundo de la interpretación. Anoche se metieron en el papel de forma voluntaria, al igual que el resto de figurantes.

Se recrearon varios ambientes, pero no había un hilo conductor entre ellos. Diferentes escenas con distintos intérpretes. «Es una mezcla, porque es un espacio muy grande y cada grupo de figurantes ha creado sus ambientes, y ellos deciden lo que van a hacer, la creatividad fluye aquí hoy», expresó María Ronco, monitora de la Oficina Juvenil y promotora de esta iniciativa.

Distintos escenarios en el Centro de Ocio. / L.C.G.

El acceso al cementerio se dejaba notar por numerosas hojas secas de eucalipto que pisaban los visitantes. Las tumbas, con los muertos y guardianes y demás elementos decorativos consiguieron impresionar a los presentes. El tétrico escenario los desviaba hacia el coso, donde varios payasos aterrorizaban con sus caras y gestos a quienes transitaban por ese tramo. Desde allí continuaban el recorrido hacia una sala con tres viudas, una de ellas acunaba a un bebé. «Somos viudas elegantes, hemos recreado una sala con objetos antiguos, cuadros de nuestros antepasados», explicaban las mujeres antes de inaugurarse este espectáculo tétrico.

Los payasos atemorizan en el coso casareño. L.C.G.

Otro grupo de cinco niñas se aparecían, de forma imprevista, a lo largo del recorrido con sus macabras vestimentas y sus desafiantes miradas. Y cuando todo parecía que ya había finalizado, junto a la puerta de salida, el sonido de arranque de una motosierra ponía los pelos de punta a los asistentes. Allí estaba escondido Jason, el popular personaje de la película Viernes 13.

Casa de las viudas.
Casa de las viudas. / L.C.G.

Los gritos y las risas se entremezclaron anoche en este encuentro, en el que no faltaron las anécdotas entre niños y mayores. Para algunos resultó ser una experiencia positiva mientras que para otros reconocen que «hemos pasado miedo». En este encuentro participaron niños, los menores de 12 años estuvieron acompañados por adultos. «Qué miedo he pasado, los payasos me llamaban, se sabían mi nombre», comentaba extrañada Lucía, una niña de 11 años que se atrevió a formar parte del evento. «Ha estado genial, estuve el año pasado pero esta vez está mucho mejor porque los espacios son más grandes y no sabes por dónde te van a salir», comentaba otra joven.

El objetivo se ha cumplido. Los casareños pudieron disfrutar de una noche diferente y la labor de los organizadores, colaboradores y participantes servirá para un fin solidario.