Pionera al frente de una escuela de pastores

Mari Ángeles Muriel con la sede de la cooperativa Cooprado al fondo, en Casar de Cáceres./LORENZO CORDERO
Mari Ángeles Muriel con la sede de la cooperativa Cooprado al fondo, en Casar de Cáceres. / LORENZO CORDERO

Mari Ángeles Muriel. Directora de la Fundación Cooprado

Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOCáceres

La primera escuela de pastores de Extremadura se puso en marcha en 2016 en Casar de Cáceres. Nació gracias al apoyo de entidades como la Asociación para el Desarrollo Integral del Tajo-Salor-Almonte (Tagus), ayuntamientos de la comarca, la Diputación de Cáceres y Cooprado, una cooperativa de primer grado con más de 40 años de historia que agrupa a unos 500 socios. Su objetivo era formar a profesionales del campo para asegurar el futuro del sector ganadero en la zona donde se produce la Torta del Casar, una de las denominaciones de origen extremeñas con mayor repercusión internacional. De ello era muy consciente Mari Ángeles Muriel González (Torremocha, 1971), que ha visto crecer este proyecto y hoy lo dirige.

Esta mujer, que se mueve en un mundo considerado tradicionalmente de hombres, es directora de la Fundación Cooprado, una entidad que nació en noviembre de 2018 impulsada por la cooperativa Nuestra Señora del Prado con el fin de fomentar proyectos sociales.

Biográficos
Nació en la localidad cacereña de Torremocha y tiene 47 años.
Formación
Es licenciada en Derecho por la Universidad de Extremadura, cuenta con el título de gestora administrativa, un curso de especialización en desarrollo rural y un máster en dirección de empresas y gestión de recursos humanos (MBA). Además, es auditora de responsabilidad social corporativa.

De todos ellos su buque insignia es la escuela de pastores. Es pionero en una región donde sólo existe otra iniciativa similar en Castuera y, tras cuatro ediciones, se ha consolidado.

«Nuestro propósito era aportar innovación a toda la cadena de valor de la Torta del Casar y eso nos llevó a impulsar la escuela de pastores. Necesitábamos más producción y asegurar su futuro», explica Muriel tras detallar el funcionamiento de este programa que cada año consta de 610 horas de formación y 400 se realizan en explotaciones ganaderas de ovino, caprino y vacuno de la zona. Además, incorpora formación específica sobre los últimos avances del sector a través de la colaboración de la Universidad de Extremadura y el Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de esta región.

«Hemos conseguido hasta un 70% de inserción profesional», apunta Muriel. Se refiere a los alumnos de esta escuela a la que cada año llegan medio centenar de solicitudes de diferentes puntos de España e incluso del extranjero. En ella sólo entran doce por edición.

Desde su puesta en marcha, han pasado 45 por sus aulas. De ellos, diez han sido mujeres. «Todas son ganaderas actualmente en la provincia de Cáceres», detalla Muriel justo antes de aludir a la mayor visibilización de ellas en empresas del campo. «Estamos observando un cambio. Antes se les ponía simplemente como titular de explotación porque su marido tenía otra actividad económica. Sin embargo, no participaba en el día a día de la explotación ganadera. Ahora su papel es cada vez más relevante. De hecho hay mujeres en los órganos de decisión de cooperativas o de fundaciones relacionadas con el sector agroganadero», apunta.

Muriel es una de ellas. Pero para romper estereotipos hay muchos años de esfuerzo. Esta licenciada en Derecho por la Universidad de Extremadura, especializada en desarrollo rural, dirección de empresas y gestión de recursos humanos ha trabajado en grupos de acción local de la provincia de Cáceres, como agente de empleo en el ayuntamiento de su pueblo natal y en Fundación Mujeres.

Su objetivo ahora es dar a conocer que Cooprado es algo más que un lugar en el que fabricar y comprar pienso. «Desde hace años llevan en funcionamiento programas de educación en valores con los que lo más pequeños participan en talleres de elaboración de quesos y se fomenta la alimentación saludable», destaca Mari Ángeles, que pone algunos ejemplos. «La cooperativa viene desarrollando ya varios programas de este carácter como la Granja de Cooprado, que trata de acercar a los escolares a las explotaciones de vacuno y ovino de leche para que conozcan de cerca la labor de los ganaderos».

La innovación se une a ese tipo de actividades sociales. Su objetivo es consolidar proyectos que hagan más sostenibles las explotaciones ganaderas. Entre esas iniciativas destaca una que acaba de comenzar, durará dos años y se denomina 'Grupo Operativo para la creación de una Red de Espacios Test Agrarios'.

Dirige un centro formativo en Casar de Cáceres que asegura el relevo generacional en el campo «El papel de las mujeres en las explotaciones ganaderas es cada vez más relevante»

Se trata de habilitar lugares con infraestructuras para los jóvenes que se forman en la escuela de pastores. Muriel se refiere a salas de ordeño e incluso un rebaño propio que permita a los alumnos realizar prácticas. En ese proyecto también participan más socios que buscan apoyo institucional para los futuros ganaderos.

«A los jóvenes que se forman en esta escuela les queda un arduo camino para incorporarse a la empresa agraria y en ese recorrido queremos acompañarles», asevera Muriel desde la sede de la cooperativa Coopradro en Casar de Cáceres.

Acaba de regresar de Neumarkt, en Baviera (Alemania), donde se ha reunido durante varias jornadas con profesionales de otros países relacionados con actividades formativas del medio rural. Lo ha hecho porque su objetivo es que próximamente, en la escuela de pastores que dirige, adquieran competencias y habilidades sobre prevención de incendios forestales y cambios en el paisaje.

Es lo que se conoce en otros lugares como 'los rebaños contra el fuego'. De hecho, hay administraciones públicas en otras regiones de España que están usando ganado extensivo como una forma de prevenir incendios. Se encargan de crear cortafuegos e impedir el avance de las llamas.