Eduardo junto a su colección de óleos que comenzó a pintar durante el confinamiento. / CEDIDA

«Quiero pintar lo que me apetezca en cada momento»

El casareño Eduardo Paniagua Moreno, pintor aficionado, ha creado diez obras en seis meses, que podrán visitarse hasta el 10 de enero en la casa de cultura

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

El confinamiento ha activado el ingenio de muchos, y ha desempolvado utensilios que hacía tiempo se tenían olvidados. El caso del casareño Eduardo Paniagua Moreno, pintor aficionado, llama la atención porque, en apenas seis meses, ha logrado crear una decena de cuadros que ya ha cautivado a sus paisanos.

Cuando el mundo estaba aislado tratando de esquivar una pandemia, él volvió a engancharse a una de sus mayores aficiones. Animado por su mujer, Gloria, se aventuró a volver a pintar. Pensó que sería el mejor entretenimiento para sobrellevar un aislamiento obligado. Así que no dudó en sacar su maletín repleto de aparejos para crear el primer óleo de su colección 'El reencuentro'. «Todo ha sido de casualidad, mostré lo que iba haciendo en las redes sociales y animado por mucha gente ahora he acabado haciendo esta exposición», cuenta.

Pintor autodidacta, pinta lo que le dicta su creatividad. No se guía por técnicas concretas, ni tiene conocimientos artísticos. Lo intentó en su adolescencia, cuando se matriculó en Bachillerato de Bellas Artes. Pero justo en ese momento, de forma paralela, surgió su andadura profesional vinculada al sector de la carpintería metálica. Un oficio que conocía de su padre y al que no quiso renunciar. «De la pintura sabía que no podía vivir, así que dejé los estudios, lloré mucho y juré que nunca más volvería a pintar, pero quería tener un futuro profesional», detalla.

Así fue como se alejó de ese mundo de dibujos japoneses, lápices y carboncillos que desde niño le había entusiasmado. Se interesó por el óleo ya en la adolescencia y llegó a pintar alrededor de una treintena de cuadros, que hoy lucen repartidos por casas de familiares. En el año 2014 pintó un cuadro para su casa. «Lo hice obligado», dice.

El joven expone por primera vez una colección en la casa de cultura. / L.C.G.

Ahora todo es distinto. El 2020 ha revolucionado su mente y desde marzo no ha parado de crear las imágenes que más le han gustado sobre grandes lienzos. Las redes sociales han sido su mejor escaparate. Con paleta en mano pintó el primer cuadro de esta colección. Una africana llena de colorido, que cosechó buena crítica entre familiares, amigos y paisanos. «Había viernes que llegaba por la noche de trabajar y me ponía a pintar hasta las cinco de madrugada, me levantaba el sábado temprano y me pasaba el día pintando, cuando era niño me pasaba lo mismo, no podía parar».

Para él, recuperar su mayor afición le ha aportado una gran felicidad. «Quiero pintar lo que me apetezca en cada momento, no quiero pintar por encargos, quiero disfrutar haciendo lo que surja y me guste», aclara. Inspirado en fotografías consigue obras llenas de contrastes, miradas que cautivan y personajes que no dejan indiferente al espectador.

«Todas las obras son distintas, con estilos diferentes, me gusta el contraste de los colores vibrantes con la oscuridad, trato de que no se vea como si fuera una fotografía, sino como una pintura», dice.

Entre sus obras está la pintora mexicana Frida Kalho, a la que ha otorgado más colorido del que estamos acostumbrados a ver en su foto original. Este es uno de los cuadros que este joven aficionado mantiene a la venta. La mitad de la colección ya tiene dueño. Ha tenido que poner precio a sus obras, ante la insistencia de clientes y conocidos. «Al principio dije que no los vendía, el primero que vendí fue el de los peces a unos clientes que me dijeron 'o me lo vendes o me los llevo'».

Dos viajaron hasta Cáceres, uno a Bilbao y dos más se quedaron en hogares de Casar de Cáceres. Ahora ha tenido que volver a juntarlos para crear su primera exposición. A partir de mañana, y hasta el 10 de enero, los diez cuadros que Eduardo ha creado podrán visitarse en la sala de exposiciones de la Casa de cultura. Tiene claro que continuará pintando. Él, al igual que su colección 'El reencuentro', ha conseguido reencontrarse con la pintura. Una afición que siempre ha mantenido y que volvió a despertar cuando el mundo se paralizó con la llegada de un temido virus.