Los casareños arropan a su patrona. l.c.g.

La Virgen del Prado vuelve a estar muy arropada en el Día de Las Cruces

El buen tiempo ha acompañado la celebración de la romería, a la que han asistido centenares de personas

Lucía Campón Gibello
LUCÍA CAMPÓN GIBELLO

Los casareños han disfrutado hoy de la primera romería de Las Cruces tras la pandemia. El buen tiempo ha acompañado a quienes hoy se han echado al campo para disfrutar del día festivo local.

A la una del mediodía los devotos han llenado la ermita para escuchar la misa que ha dado el sacerdote Severiano Talavero, que con 84 años sigue en activo. Él mismo ha echado en falta la presencia de jóvenes en la celebración religiosa. La coral Cynara Música ha sido la encargada de deleitar a los presentes con sus canciones en esta ocasión.

Tras la misa, las imágenes del Niño y la Virgen del Prado han salido de la ermita para que los asistentes pudieran portarlas en un breve recorrido por las proximidades de la ermita. Han sido numerosos los vecinos que han querido cargar con las imágenes. Antes de entrar a la patrona, se ha vuelto a realizar la tradicional puja. El integrante de la cofradía, Teodoro Barrantes, ha sido el encargado de la subasta de los 12 brazos.

Hoy se ha llevado a cabo la puja de brazos. El sacerdote Severiano Talavero ha presidido la Eucaristía. Los niños han portado con la imagen del Niño. / L.C.G.

Esta vez la puja ha estado poco animada, aunque finalmente se han recaudado 180 euros. Algunos presentes recordaban las grandes cantidades de dinero que se daban antes por entrar a la Virgen en su santuario. «Mi madre pagó 26.000 pesetas cuando volví de la mili en el año 81, antes las pujas eran muy elevadas», ha comentado el casareño Ángel Barrantes.

Hoy algún casareño ha descubierto que los brazos de la Virgen se pujan para entrar en la ermita, y otros han pagado porque tenían mandas pero han dejado a otros que entraran a la imagen.

La Virgen ha sido venerada durante toda la jornada. Hoy ha sido su día grande, y muchos casareños residentes en otras ciudades han tenido la oportunidad de asistir a este encuentro, enlazando con sus vacaciones de Semana Santa.

En los alrededores de la ermita, la sensación de muchos de los presentes es que «hay más gente que ningún año». Los casareños, pese a que muchos han trabajado, han querido disfrutar de la romería después del largo periodo de interrupciones de las tradiciones a causa de la covid.